Sacándole las piedritas a los frijoles

Hoy parece que la cosa en general se está desespesando, llevo toooodo un día sin toparme con el número 48, no siento a Klodia ( mi perrita ex-callejera tuerta orate ) y a mí tan solas en el estudio ( Bill murió el martes , el mismo día en que un hombre negro ganó la presidencia de EU, el día en que un avión se desplomó sobre las calles del DF, en un día histórico ) y las pilas van lentamente cargándose. Lo que no se desespesa es la mezcla que acabo de preparar para imprimar algunos bastidores, usé sellador comex en vez de mobilit y la cosa no se ve muy normal. Mi mini-estudio está hecho un desmadre; tablas, bastidores, trabajos, sillas, el clóset, cuadros, pilas de papeles, la cama de Klo, mi restirador, zapatos, libros, el rotafolio, la caja donde guardo todos mis aditamentos para el tianguis y los trabajos de las doce personas ciegas a quienes tuve el honor de darles clases pintura el mes pasado ( gente que amablemente dió al traste con algunas anquilosadas nociones que tenía yo sobre la pintura ) abarrotan el espacio, en una esquina se yergue un rollo de papel kraft que parece un gigantesco taco dorado; es el trabajo final que los ciegos hicieron en dripping. Ahora tengo que hacer dos cuadros para una colectiva sobre la Virgen de Guadalupe..¿ La mala noticia ? Se me ocurren puras cursilerías.
A finales de este mes abre sus puertas la Galería Apollinarie, participaré con dos piezas, los mantengo informados.
Por las mañanas salgo de mi casa con alguna bufanda de las tres chidas que tengo, pero el frío no me alcanza para pasadas de las once, me subo al camión, la bufanda se transforma en otro bulto en la mochila y el glamour se va al caño.
El sábado en la noche observé como era adoptado directamente de la calle un perrito negro por una pareja; el chuchito en cuestión ya se había instalado al lado mío y me veía como sólo lo saben hacer los perritos. Decidí que si nadie lo ayudaba me lo llevaría a mi casa al final de la noche para encontrarle casa por mi cuenta, pero eso no fué necesario, cuando ví a ese hombre acariciarle la cabeza con sus manazas supe que no tendría que hacer nada.
¡Ahí la lleva la humanidad!

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