Los Angeles

Acabo de regresar de Los Ángeles. Una ciudad maravillosa donde tengo un coleccionista increíble y donde además, expondré en el último tercio de este año la serie nueva que he venido cocinando desde hace meses en mi caldero de tinta y agua. El espacio es grande y dá para poder colgar unos 40 cuadros. Estoy muy contenta por este nuevo avance que me ayudará a llegar a más espectadores, además esta obra por fin estará completa cuando encuentre a sus interlocutores.

Hay más noticias que iré soltando poco a poco, por lo pronto vayan ahorrando para ir a esta hermosa ciudad donde la música del inglés está matizada por decenas de acentos, la enormidad de los edificios del centro te hacen sentir pequeñito, la comida vegetariana está por todas partes y se encuentran las mejores malteadas que he probado en mi vida. Además tuve la fortuna de visitar una muestra de arte de mujeres surrealistas expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles (LACMA), una soberbia y exquisita selección de obra que me sumergió en una profunda meditación acerca de la misteriosa psique femenina, los problemas que enfrentamos y nuestra manera de ver, sentir y respirar este mundo, tan distinta a la manera de los hombres. La exposición está separada por temas: autoretratos, el espacio doméstico, el romance, el cuerpo, política, técnicas nuevas, etc. Si van a ir pronto, no pueden perdérsela. Si están allá, vayan. Si tienen los medios para lanzarse ya, háganlo. Es una soberbia mirada al mundo interno de decenas de geniales mujeres creativas, traducidas a lo material mediante el puente de técnicas pictóricas, gráficas y escultóricas.

Esta foto es de una instalación de luz afuera del museo, encontré muy simbólica su luminosidad en la noche de un día en el que me enteré de la muerte de mi querido y admiradísimo tío Luis Rodolfo Morán Gonzalez, eminente y sabio científico, médico de ética intachable. Al día siguiente, mientras iba de regreso al hotel en autobús, éste hizo una parada frente a un Instituto de Translplante de Órganos, ví el letrero en medio de la oscuridad de la noche justo cuando giré la cabeza. Me gusta pensar que mi tío me mandó un guiño.

Te tengo mucha fe, Los Angeles.

 

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