La felicidera

Hoy me pasó algo bien bonito. Bueno, varias cosas, pero la más bonita es que estaba yo trabajando, o “tragajando” en casa de mis papás y a la hora de ir al baño me habla mi mamá para mostrarme unos trajes de perro que estaba viendo en internet. Puede que esto no les suene raro o especial, pero lo es, vaya que lo es. Porque mi mamá no sabía manejar una computadora hasta hace unas dos semanas. Mi hermano le ha enseñado lo básico y hoy me la encontré navegando felizmente la página de Martha Stewart (mi mamá es fan). Su compu es una Compaq de las chiquitas. ¡Cuando ví a mi mamá manipularla y ver lo que le interesa me dió muchísisisisisisisisisisima ternura! :D Me puso muy feliz verla. Tanto, que se me olvidó ir al baño.

Y pues la otra cosa es que fuí a recoger un cómic que tenía “prestado-secuestrado” desde hace más de un año.

Y ah, otra cosa, compré unas medicinas para mi mamá, eso me puso también muy feliz.

Corregí un cuadro, me gustó. Pero eso no fué, curiosamente, fuente de felicidad, más bien sólo de tranquilidad.

Hoy estreno calentón, y escribo con guantes, enfundada en mi pijama de franela, con mi abrigo de 1000% poliéster, ya saben, tipo Robert de Niro al final de Machete.

Buenas noches a todos,

Cuídense,

Bais.

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