Blog

Caricaturas retro trágicas parte II: La Ranita Demetán, el niño batracio jodido

“I´d kiss a frog even if there was no promise of a Prince Charming popping out. I love frogs.”

– Cameron Díaz

Seguimos con nuestra racha melancólica en el Callejón, esta vez el post está dedicado a otra magna obra trágica de los Estudios Tatsunoko -esta gente se propuso dejar a toda una generación traumada…Omedetou! lo lograron. La serie que recordé en esta ocasión es nada menos y nada más que La Ranita Demetán, serie producida en los setentas que llegó a nuestro país más de diez años después.

Demetán y su amiga Adelina, el estanque Arcoiris es su cristalino hogar

Demetán es un chico rana que habita el cristalino estanque Arcoriris. A diferencia de José Miel, él si tiene la fortuna de tener a sus papás, con quienes vive en un árbol. La tragedia de su vida consiste en que es paupérrimo y a sus padres no les alcanza para mandarlo a la escuela. El resultado es que Demetán es una especie de Nini, anda de vago por ahí tristeando y tocando su flautita. Se hace amigo de una ranita llamada Adelina quien es la hija del Gran Giotto, el ricachón del estanque. Ambos se la viven disfrutando de una amistad que luego se convierte en amor para el gran horror del padre de la chica, quien no puede imaginar a su querida niña emparejada con un pelagatos sin futuro.

El resultado es que el abusivo suegro de Demetány sus secuaces le hacen la vida de cuadritos, y a la lista de infortunios en la desigual vida del estanque (el fuerte se aprovecha del débil, hay injusticia y maltrato, las ilusiones no permanecen) se suma la crueldad de los animales que llegan a alimentarse de los batracios que lo habitan: los halcones y el pez gato son algunos de ellos. Recuerdo un capítulo en el que una tortuga moribunda le entrega sus huevos a Demetán para que los cuide, él acepta pero los huevitos son devorados por un animal, Demetán se apresura a rescatarlos pero el único que logra recuperar era una pelota de golf.

¿Cómo no llorar con esto?

A Demetán su pobreza nunca pareció haberle importado hasta que constituyó un obstáculo para su amor. Sufre al no sentirse digno de Adelina. Entonces un día se harta de autocompadecerse y sentir lástima de sí mismo, se arma de valor y defiende a los habitantes de su estanque de múltiples peligros, muchas veces salvando la vida ahora sí que por un pelo de rana calva. El resto de los habitantes del estanque se le unen, conmovidos por su esfuerzo.

Al final, al Gran Giotto se le ablanda un poco su corazón y acepta como yerno al pequeño batracio. El karma le paga a Demetán con una novia preciosa y quién sabe, tal vez haga del estanque Arcoiris un mejor lugar para vivir.

Les dejo el intro en español latino, feliz viaje por los recuerdos.

Caricaturas retro trágicas parte I: El Príncipe Zángano: José Miel

“His labor is a chant, His idleness a tune; Oh, for a bee’s experience Of clovers and of noon!”
– Del poema “La Abeja” de Emily Dickinson

 

 

En el Callejón andamos como muy melancólicas y recordando series de televisión de la infancia. En particular aquellas que nos estrujaron de angustia nuestros tiernitos corazoncitos nueveañeros. Este sábado barría mi casa y me encontré el cadáver reseco de una lagartija a quien incluso bautizé como Bill. Los ojos se me pusieron todos aguados, ya saben, tipo Remi (en otro post hablaremos de ese pobre niño) y me acordé, quién sabe porqué, del desventurado de José Miel.

José Miel fué una serie de anime producida por los Estudios Tatsunoko (gran y excelsa fábrica de tragedias animadas) en los años setenta, llegó a México en los ochenta, se nos metió hasta el tuétano a quienes tuvimos la desgraciada fortuna de verla. Años más tarde, en mi adolescencia otaku, me sorprendí muchísimo cuando supe que el diseñador de los personajes de la serie fué mi ilustrador vivo favorito: Yoshitaka Amano.

Aquí tenemos a José, la vida se ensaña con él de todas las maneras imaginables. Este es su puchero clásico.

La ruta del chico Miel hacia las profundidades de la desesperación comienzan cuando unas malditas avispas destrozan su panal y él se cría con unas abejas silvestres. José crece separado de su madre, -quien era la reina de la colmena- hasta que un malhadado día descubre que es un príncipe y que desea ir a buscar a su madre (hubiera sido más feliz como pelagatos pero bueno, la casta lo llamó por su nombre).

Aquí da su inicio el rosario de desventuras del pobre insecto, quien deberá soportar palizas, frustraciones, ser testigo de las muertes dolorosas de sus amigos, (recuerdo que cuando niña deseaba nunca ser amiga de alguien como José Miel, su amistad era como el beso de la muerte) quienes a cada capítulo entregan su vida para que él continúe con su búsqueda. Y cuando planean el rescate de su madre, José forma un verdadero ejército con sus amigos, los cuales están dispuestos (como siempre) a morir con tal de verlo reunido por fin con ella. Entre los capítulos más espeluznantes de la serie recuerdo un0 en el que salía una terrorífica lámpara mata-insectos, y -oh, mi dios- aquel en el que José se hace amigo de una cigarra que está ya en las últimas y no puede defenderla cuando llegan otros insectos a devorarla. José recibe una paliza y está en el suelo bañado en lágrimas mientras descuartizan viva a su amiga.

Lo peor de todo es que cuando por fin se reúne con su madre, tras una batalla épica con las avispas, ella muere luego de revelarle que tiene una hermanita y que debe llevarla al Valle de las Flores donde establecerán una nueva colmena. Y así continúa la segunda parte de la serie, igual de lacrimosa y desesperante aunque ahora José no viaja solo, sino en compañía de su hermana y de un individuo llamado Catarino quien busca a su papá (¿Todos eran huérfanos o qué?)

Al final de tanta desventura salpicada con algunos buenos momentos, José Miel & Co. llegan al mentado Valle de las Flores donde el karma por fin les paga con felicidad por el resto de sus cortísimas existencias (los insectos viven muy poco).

Aquí les dejo el intro de la serie, salpicado de algunos buenos momentos.  Enjoy!

Intro de José Miel

El hombre detrás de la máscara

“A desperate disease requires a dangerous remedy”

– Guy Fawkes

Hoy es 5 de noviembre. Los que vimos la película y además leímos la novela gráfica “V for Vendetta” sabemos que hoy es el mero día de Guy Fawkes. El día en el que el héroe loco revolucionario conocido como “V”, inflamado por su ideal de sacudir a Inglaterra del marasmo de su conformismo y sometimiento voló el Parlamento Inglés en pedacitos. En el filme y en el cómic, por lo menos.

El querido y amado V. Un pirómano con altos ideales. Nunca le conocimos el rostro.

¿Pero quién diablos fué el personaje que inspiró esta magnífica trama de Alan Moore? En la redacción del callejón estamos harto informados:

Guy Fawkes fue el más famoso de los conspiradores que formó parte en la “Conspiración de la Pólvora” en 1605, un intento fallido de volar el Parlamento y al rey Jaime I. Fawkes y sus compañeros eran Católicos Romanos que decidieron tomar medidas drásticas para reemplazar al rey protestante.

La conspiración fue urdida en la primavera de 1604 por Robert Catesby, y eventualmente evolucionó hasta ser  un plan de destruir el Parlamento el 5 de noviembre de 1605, la fecha de un evento en el que estarían juntos todos los miembros de las cámaras y el rey. Fawkes tomó parte junto con otra docena de confabuladores, con él siendo el encargado de los explosivos (Durante los años de la década de 1590 sirvió en el ejército español en Holanda, y se cree que tenía experiencia en municiones) Fawkes y sus correligionarios acumularon 36 barriles -casi dos toneladas- de pólvora, en un cobertizo rentado bajo la Cámara de los Lores. Una búsqueda gubernamental en dicho lugar en la noche del 4 de noviembre descubrió los explosivos y al mismo Fawkes, quien fué arrestado y torturado. En pocos días el resto de los conspiradores fueron asesinados o capturados. El 31 de enero fué ejecutado después de haber sido juzgado y condenado por alta traición.

Como el complot fue frustrado, se designó día feriado al 5 de noviembre, pero con el tiempo la fecha se convirtió en una celebración del revolucionario y subversivo intento de Fawkes. Las tradiciones inglesas de la Noche de Guy Fawkes incluyen  hogueras, fuegos artificiales y la quema de efigies conocidas como “guys”.

Retrato de algunos de los conspiradores del 5 de noviembre de 1605. Nuestro hombre está ahí: Guido Fawkes.

Les dejo uno de los versos tradicionales más representativos de esta fecha, seguro conocerán la primera línea:

Remember, remember the Fifth of November,
The Gunpowder Treason and Plot,
I know of no reason
Why the Gunpowder Treason
Should ever be forgot.
Guy Fawkes, Guy Fawkes, t’was his intent
To blow up the King and Parli’ment.
Three-score barrels of powder below
To prove old England’s overthrow;
By God’s providence he was catch’d (or by God’s mercy*)
With a dark lantern and burning match.
Holla boys, Holla boys, let the bells ring.
Holloa boys, holloa boys, God save the King!
And what should we do with him? Burn him!

¡Feliz noche de Guy Fawkes!

Aquí tienes una selección de las mejores frases de la película “V for Vendetta”

La Décima Musa

“The Moon has set. And the Pleiades.  Midnight. I lie in bed alone.”

– Safo

Hoy en el callejón les comparto una pintura que recién conocí hace un par de días. Representa a la poetisa griega Safo de una manera tan idealizada e imponente que me hizo pensar que ojalá me pareciera un poquito a ella.

"Safo" de Charles Auguste Mengin

La imagen que conseguí es pequeña, la que yo ví en mi libro nuevo es un poco más grande. Pero las grandes obras tienen su manera de atraparnos aunque sea desde una foto o un sitio web. A lo largo de mis años he visto otras hermosas representaciones de esta moradora de la isla de Lesbos. Como esta, en la que se representa el momento en el que, según la leyenda, Safo se suicidó lanzándose desde la roca de Leúcade a causa de un amor no correspondido.

"En el salto de Leucas" de Antoine Jean Gros

La atmósfera de ambas obras es sombría, todo lo contrario de la obra de la poetisa quien le escribió al amor y a la pasión, y que está considerada entre los Nueve Poetas Líricos griegos. La mayor parte de su obra, que era bien conocida y admirada en la antigüedad se ha perdido, pero su inmensa reputación ha sobrevivido en los fragmentos que quedaron. Incluso, en un epigrama atribuido a Platón, se la llama la Décima Musa:

Algunos dicen que las Musas son nueve, ¡Qué negligentes!

Miren, está Safo de Lesbos también, la décima

No andaba errado.


Una caperucita en Nueva York

“Most people want security in this world, not liberty”

-H.L. Mencken

Tengo poco de haber terminado de leer un cuento maravilloso, se llama: “Caperucita en Manhattan”, la autora es la española Carmen Martín Gaite.

Es un libro de esos que están escritos para niños, aunque sus letras nos hablen poderosamente a los adultos. O a los niños que viven dentro de nosotros. La historia habla de una pequeña de 10 años llamada Sara Allen quien vive en Brooklyn y siente una extraña una fascinación por la isla de Manhattan.

La isla de Manhattan. Sara quiere ir, y yo también.

Sara ama los libros, es una niña que posee la doble bendición-maldición de una viva inteligencia y una penetrante sensibilidad. Adora y se siente identificada con su abuela, una ex-cantante de Music Hall que vive con su gato en la añorada isla. Rebecca Little, que es como se llama la señora, es una mujer que siempre ha vivido a su aire, ha hecho en su vida lo que le ha venido en gana e incluso ha cometido la desfachatez de haber tenido varios maridos. Forma un vivo contraste con su hija Vivian, la madre de Sara. Vivian vive eternamente preocupada, aprisionada por sus miedos e inseguridades, perennemente extrañada -y medio aterrorizada- de su singular hija. En su gris existencia uno de sus únicos placeres consiste en preparar una exquisita tarta de fresas que cada semana le lleva a su madre en un canasto, es entonces cuando Sara se interna junto con su madre en las profundidades del metro rumbo a casa de Gloria Starr, que era el nombre artístico de su abuela.

El espíritu indomable de Sara se va desvelando poco a poco en las páginas de este relato. Cuando sus padres deben viajar a un funeral y la encargan a los vecinos, ella decide ir a Manhattan sola, y es ahí donde al borde mismo de la pubertad comienza a vivir su propia vida, conociendo el poder de sus decisiones, y donde conoce a una mágica, sabia, e insondable anciana indigente conocida como Miss Lunatic quien guarda un inquietante parecido con cierta estatua coronada que vigila la ciudad de Nueva York.

Ya no les contaré más o todo este post será un deplorable spoiler de la mejor historia que he leído en el año, Caperucita en Manhattan es un canto a la libertad y a no dejarnos ahogar por el miedo de abrazar la vida como la queremos.

Fuera tan difícil.

Sara se inventa palabras llamadas "farfanías". Una de ellas: "Miranfú" quiere decir que se avecina algo inesperado. Miranfú es como podría describirles el increíble final de este cuento. Nada de colorín colorado.

Feminista y femenina

“You say i am a bitch like it´s a bad thing”

“Hay dos tipos de mujeres: diosas y alfombras”

– Pablo Picasso

¿Quién dijo que las feministas eran todas unas marimachos, rudas, angulosas, eternamente enojadas, llenas de resentimiento contra el género masculino? Sí, algunas de ellas -de hecho un buen- lo son, pero otras hemos entendido el feminismo como una forma de autorespeto por nosotras y por nuestra lucha como todo ser humano de conquistar soberanía sobre nuestras propias vidas. Todo ello sin perder la clase y el estilo.

Al respecto del tema, tengo un maravilloso calendario que me regaló mi hermano, se llama “The B Word” y a lo largo de este 2011 me ha hecho reír y también reflexionar. Lo publica la editorial Sellers. Pueden ordenar el del año que entra  por internet. Se los recomiendo ampliamente. Aquí les comparto algunas viñetas:

"No pretendo ser elitista, pero lo soy"

"El divorcio es caro, la libertad es invaluable"

"Explícame otra vez porqué necesito un hombre"

"Por favor no me interumpas mientras estoy ignorándote"

"El proctólogo llamó...¡Encontraron tu cabeza!"

Estas damas pueden parecen imposiblemente mamonas, por no decir perras del mal, pero creo que a muchas mujeres les hace falta sacar esa faceta afilada de su personalidad y luchar por su propia valía. Me parece que el mensaje de este calendario va mucho más allá que provocar la ocasional carcajada.

Una mujer asertiva y que sabe lo que quiere aún es, desgraciadamente, en muchos niveles, considerada una bitch.

Me llevo bastante bien con mi propio género, tengo la fortuna de conocer muchos mujerones, algunas actúan como alfombras aunque es evidente su potencial de diosas.

Yo digo que los tapetes están pasados de moda.

Crónica de una pedida (extracto de la vida real)

“The power of love is a curious thing: makes one man weep, and another man sing”

– “The Power of Love” canción de Huey Lewis and the News

Una nunca sabe cuándo puedes estar expuesto a su fuerza. Lo cierto es que está por todas partes. La gente sigue creyendo en él, lo comprobé hace unas semanas.

Me invitaron a ser parte de una conspiración: un hombre quería proponerle matrimonio a su novia, es una historia que ha venido repitiéndose hasta la saciedad en la historia de la humanidad. Debiera dar hueva -de hecho sí me dió- pero el asunto tenía medio muertos de nervios a los involucrados. Oculté mi pereza lo mejor que pude, tratando de interesarme en los tejemanejes que el novio había tramado con ayuda de sus aliados en lo que sería su día D.

El evento tuvo lugar en un centro comercial. Un sitio cuyo redondo vestíbulo alberga a uno de esos cafés omnipresentes de la sirenita. La novia acudió llena de preocupación por la amiga que se inventó una tremenda desgracia que debía compartir para aliviar su atribulado corazón. El resto de los conspiradores estábamos ocultos tras los elevadores. Otra de las amigas del novio, una chica con espíritu de coordinadora de eventos, se las arregló para programar en el sonido de la plaza una de las canciones preferidas de la novia. A mí me tocó sostener una hoja de papel con un fragmento de esta frase:

“I have loved you from the first time i saw you, and i want to make you happy always.”

O algo así. Cursilísimo.

En lo que varios extraños hechizados por la fuerza del plan maestro -y las artes de convencimiento de la amiga del novio-  se acercaron a la novia para entregarle flores, nosotros nos formamos en fila india con nuestros papeles, listos a la señal para entrar, que sería cuando comenzara la canción. Una pieza de Regina Spektor.

Y lo hicimos. Ahí empezó lo bueno. La cosa ya tenía un tinte extraño porque estos dos enamorados ya sabían que se casarían, tienen hasta reservado el salón de su recepción y muchos detalles de su boda arreglados, incluso la fecha. El chavo sabía que la chica le diría que sí. Desde un rincón de mi mente, una vocecilla me decía que si no existía la posibilidad que al novio lo mandaran al cuerno entonces la cosa perdía gran parte de su chiste.

Pues no fue así.

Desfilamos ante la atónita novia que nos miraba entre sorprendida e incrédula. En la mesa aprecié el manojo de flores moradas salpicadas de blanco junto al vasito de café. El resto de la gente del local comenzó a volver las miradas hacia nosotros: los conspiradores. El novio entró en escena, portando una elegante bolsita negra de papel con asa. El momento arquetípico sucedió entonces: un hombre arrodillado ante una mujer, pidiéndole que pase el resto de su vida con él.

La gente que estaba en la plaza se arremolinó al borde de los barandales mirando hacia abajo, hacia el momento que se desplegaba frente a ellos: la novia temblando de emoción y con las mejillas húmedas, el novio con lágrimas contenidas en los ojos. Las personas que caminaban alrededor del borde del café se quedaron inmóviles, atestiguando el momento, fue como si el tiempo se hubiera parado en el instante que ella se tomó para aceptar el anillo que él le ofrecía. Cuando movió la cabeza asitiendo, la plaza entera estalló en aplausos.

Y yo, la que llegó arrastrando los pies llena de flojera, tuve la breve impresión de estar mirando su beso por debajo del agua.

Diablos, yo tampoco he dejado de creer en él.

El Beso. Francesco Hayez

El Beso. Edvard Munch

El Beso. Kathë Kollwitz

El Beso. Theodore Gericault

EL Beso. Theóphile Alexandre Steinlen

El Beso. René Magritte

Celebérrimo. El Beso de Gustav Klimt

El Beso. Marc Chagall

La Sirena, otro beso...¡y qué beso! de Max Klinger

Con broche de oro: Rhett Butler y Scarlett O´Hara en Lo que el Viento se Llevó

Mis borrachos

“Yo poleo con la gente que es mala,no con la gente que es buena”

– Dios Eolo

En el anterior post subí una selección de algunas de mis obras favoritas de la pintura (y unas pocas de la fotografía) en las que fueron inmortalizadas varias personas en ese momento en el que estan entrados en el ritual del café y de las bebidas espirituosas. Todo ello me puso a pensar que yo misma dibujé una escena con ese mismo tema el año pasado:

"Los Ahogados" Lápiz sobre tela. Diana Martín.

En la redacción del Callejón somos tan bien portadas que tuvimos que buscar inspiración externa para rayonear este cuadrejo. Asistimos a borracheras veloces y enloquecidas, viajamos a las profundidades de los bares de la ciudad, hicimos torpedos (tours pedos), asistimos a amigos y amigas arrodillad@s frente a excusados, y claro,vimos videos de gente lamentablemente atrapada en las movedizas garras del alcoholismo. Como este:

Si toman no posteen.

Bill, la lagartija

Esta es la lagartija Bill. Parece que vivió en mi casa por unos días y luego se fué. Aquí la capturé sobre una de las ruedas de Babel.

A veces el boceto es mejor

Es raro pero ocurre. En este caso, los rayones previos a la ejecución en la placa de zinc son mucho mejores. Los bocetos tienen el encanto de desvelar parcialmente un misterio.

Vámonos a tomar algo

“Drinking liquor, I change to quiet another person.  And then, this other person also wants a little bit of liquor.”

-Herschel von Ostropol, circa 1750


La bendita frase nos ha llevado a buscar imágenes de ese momento en el que uno, -solo o acompañado- se lleva a los labios alguna bebida que nos altera la percepción de la realidad. El ritual del alcohol y la cafeína mantiene vivas y bien aceitadas -aunque a veces quizás no tan sanas- muchas relaciones. Este momento en el que comienza el viaje hacia las confidencias y la relajación ha sido capturado por muchos artistas. Aquí en el callejón hemos hecho acopio de algunas para su beneplácito. Corran por su café o su bebida espirituosa y disfruten.

Edward Hopper,"Automat" de 1927.

¿Habrán plantado a la chica del abrigo verde? Su rostro luce ensombrecido por algo más serio que el ala de su sombrero amarillo. Quizá lee su suerte en los pozos del café.

Rafael Soyer, "Café Scene" de 1946.

Es como si a esta musa de Soyer se le hubieran acabado los cigarrillos. Por su expresión inferimos que bebió algo más fuerte que un café.

Tsuguhara Fujita, "In the Cafe" de 1949.

¡Bocetando con tinta y plumilla!  Sin perder la elegancia claro está. Tras su copa de vino busca historias.

Vincent Van Gogh, "Agostina Segatori" de 1887.

Mademoiselle Segatori prefirió cerveza.

Picasso, "Bebedora de Absenta" de 1902.

Con el ajenjo mucha gente olvidó el frío por un ratito.

Edgar Degas "L´Absinthe" de 1876.

Esta chica está y no está. El ajenjo la volvió hacia adentro.

Jim Jarmusch fotografió a Tom Waits e Iggy Pop en 2003.

Me extraña que este par sólo haya pedido café.

Un bar de París en 1952. La foto es de Robert Doisneau.

Este señor va por buen camino. Tranquilamente.

Edvard Munch, "The day after" de 1894.

¿Quién no puede dejar de identificarse con esta bella escena de Munch? ¿El grito fué antes o después?

¡Salud!

Corre Mab, corre

Algo asustó a Mab en este dibujo porque ha decidido correr. Y con cuatro piernas se llega lejos.

Sylvia von Harden, la inmortal

“You know, if one paints someone’s portrait, one should not know him if possible.”

-Otto Dix

Hoy les comparto una de mis obras favoritas de la pintura, hecha por uno de mis artistas preferidos de todos los tiempos: el alemán Otto Dix.

El retrato de la periodista Sylvia von Harden. De 1926.

El retrato de la periodista Sylvia von Harden. De 1926.

Detalle del rostro. Aquí en el callejón amamos a Herr Dix.

Detalle del rostro. Aquí en el callejón amamos a Herr Dix.

Detalle de la mano derecha. Amo los pliegues de su vestido. Los tendones de su mano crispada.

Detalle de la mano izquierda. Amo los pliegues de su vestido. Los tendones de su mano crispada.

Ella es Sylvia. Dix la hizo suya.

Ella es Sylvia. Dix la hizo suya.

Sylvia cuenta en su artículo de 1959:  Memorias de Otto Dix que cuando el pintor la conoció en la calle tuvieron un intercambio que comenzó con él diciéndole:

-“¡Debo pintarte! ¡Simplemente debo hacerlo! Representas toda una época…

– Así que usted desea pintar mis ojos faltos de lustre, mis ampulosas orejas, mi larga nariz, mis labios delgados; quiere pintar mis manos largas, mis cortas piernas, mis grandes pies,- ¿cosas que pueden espantar a la gente y deleitar a nadie?

-Te has caracterizado a tí misma brillantemente, todo ello nos llevará a un retrato representativo de una época interesada no sólo en la belleza exterior de una mujer sino más bien en su condición sicológica.”

El retrato mide 120 por 88 cms, es una técnica mixta y se encuentra en el Museo Nacional de Arte Moderno de París, el Centro Georges Pompidou. Otra excusa para volver a París.

El mundo tiene cabeza de sombrero

“If you want to get ahead, wear a hat”

-@pandeperro

Este sábado por la nochecilla me dí una vueltita por el camellón de Chapultepec, a lo largo de tres de sus secciones se agolpa gente de toda clase y la nalgueadera es inevitable: sus librarios, artesanos y artistas plásticos atraen a los tapatíos ansiosos de sacudirse de la modorra familiar de fin de semana, o a aquellos que buscan un preámbulo entretenido para una larga noche. También hay música en vivo, los skatos patinan alegremente a lo largo de la avenida, las parejas se besuquean mientras los salpica la brisa húmeda que proviene del agua cochina de las grandes fuentes, los modernitos convierten la calle en su pasarela personal y los bicicleteros (algunos bastante hipsters) ruedan felices sobre el gastado pavimento.

Esa noche me topé con una adorable señora que teje. Teje y teje detrás de su mesa donde tiene infinidad de objetos de estambre. Me enamoré de dos hermosos gorritos. Ya los estrené ambos, hechos a mano por una doñita que bien podría ser mi tía abuela.

Mis nuevos sombreros son como de este tipo. Vayan y localicen el puesto de la señora que como arañita no para de tejer.

Todo esto me puso a pensar acerca de una de mis piezas favoritas de ropa de todos los tiempos: los sombreros. Son unos objetos bellos en realidad. Enmarcan el rostro, acentuándolo. Te hacen un enorme favor si tu pelo se rehúsa a acomodarse por la mañana, te protegen del inclemente creador-de-arrugas sol, y eso sin mencionar que te separan del resto de los mortales al caminar por las calles.

Pero alto, los sombreros, gorritos, boinas y demás adornos para la cabeza definitivamente no son para todos. Si resultas ser un pésimo lucidor (a) sólo terminarás gastanto sin sentido. Hay que ser lo más honestos a la hora de pretender comprar uno: a quienes nunca han tenido uno les aviso que se siente muy raro al principio, andas por ahí cayéndote de glamour pero con el cuello tieso de tortícolis. Toma tiempo habituarse pero vale la pena si te das cuenta de si el sombrero trabajó a tu favor. La gente se dá cuenta. La gente te dice. La gente te puede trollear a tus espaldas. Pero también tira flores. Y si el sombrero no te favoreció puedes regalármelo.

Una chulada los sombreros de los treintas. Y de los veintes..ash...¡viva lo retro!

Yo tengo varios sombreros. Me encantan. Sé que me quedan bien. Creo que el hecho de que conozca poca gente que los sabe llevar se debe mas bien a que pocas amigas los usan. Anímense. Boten esas cosas horrendas que son las cachuchas (¡Guácala!), encasquétense un buen sombrero e ingresen a lo classy y sexy. El resto del guardarropa ya es elección libre.

Si les quedó una duda de cómo se ve lo sexy con clase, aquí están estas imágenes.

Para una rica selección de sombreros visiten esas enormes tiendas departamentales que pululan por la ciudad, esa cuyo nombre comieza por L y termina con Iverpool tiene una sección nutrida y variada. Hay precios de todo. Igual sucede en esa tienda que tiene nombre de castillo de fierrro o algo así. Claro que pueden comenzar por el Camellón de Chapultepec y hacerse de una bella pieza tejida a mano.

¡Vistan a sus cabecitas con algo más que su pelo!

Una última anotación: los Juegos Panamericanos toman la ciudad desde el próximo viernes, el tianguis que les menciono será movido a Av. México durante las tres semanas que dura este evento. Ahí mero donde los domingos es el Trocadero.

La punta rota

Ayer estaba en la rayoneadera con mi súper finísima plumilla que hace líneas más delgadas que un cabello. En una de esas que la meto a limpiar al agua, al sacarla hice un movimiento un poquito menos delicado de lo normal y la quebré. Ya qué.

Los elefantes son contagiosos

If trained right, can be used to smash things. Enemy things.”

-Definición de “elefante” sacada del Urban Dictionary

En este anterior post les prometí que les mostraría en que quedó aquella placa que comencé en aguafuerte. Les recomiendo leerlo si es que al ver esta imagen creen que la hice en lápiz, pluma bic o canutero. No, la hice con toda la fuerza y la sutileza de una tina de ácido.

Un elefante con asistentes ratas en su aseo paquidérmico. Sin miedo.

Un elefante con asistentes ratas en su aseo paquidérmico. Sin miedo.

Me gustan mucho los elefantes. Su prodigiosa fuerza, su memoria, su conciencia de los lazos familiares, su ciega brutalidad al defenderse, sus hermosos bebés y la curva grácil de los colmillos de los machos. Me encanta que tienen cuatro rodillas, amo sus trompa con la que alcanzan todo y también se acarician, su barritar ensordecedor, su aire de seres legendarios, sacados de quién sabe cual periódo post-dinosáurico. Y por si fuera poco, son símbolo de buena suerte.

En el Callejón somos animal lovers, nomás nos falta hacernos vegetarianos.

Escandinavia estereotipada

“I refuse to act my age”

“Strange things happen to strange people”

-El Jägermeister hablando a través de @DeadDamien

Este viernes me topé con una amiga que volvía ebria a su casa  al filo de las 7 am. Pasó la noche bebiendo alegremente a puerta cerrada con los dueños de un pub y luego asistió a una amiga que de repente regurgitó el contenido de su estómago en el honorable Water Closet del local. El Jägermeister puso a esta mujer muy comunicativa, nuestro intercambio tuvo lugar a través del Skype -Dios lo bendiga-, cuando aquí eran casi las 12 de la medianoche y en Tampere (este lugar está en Finlandia) casi las 8 am.

Nos conocemos desde hace poco más de 10 años. La nuestra es una de esas amistades que ha sobrevivido a base de una pobre dieta de mensajitos por email, toques en el facebook, retweets y así. La chateada del fin de semana fué la primera que hemos tenido en años.

Las dos dimos gracias al inglés por ser tan fácil; sabemos que cuando el chino reine rampante las cosas no serán tan sencillas. Nos preguntamos algunas generalidades acerca de cómo nos ha ido en la vida últimamente, recordamos a una fallecida amiga británica a la que jamás vimos en persona, nos dijimos nuestras edades y luego estuvimos de acuerdo en que ninguna de nosotras actúa como una respetable mujer de tres décadas.

Recordé las cuatro palabras que me sé en finlandés: Yksi, kaksi, kölme y kiitos. Las primeras tres las conozco porque así se llamaban algunos de los gansos de la bandada que sale en la novela clásica de Selma Lägerloj: “El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson”. Significan: “Uno, dos, tres”.

-“ Wow ”  – me dijo la chica de Tampere – “ con eso llegarás lejos en un bar “.

-“Kiitos” – le respondí. Eso es “Gracias” en finlandés.

Después hablamos acerca de estereotipos. Le pedí que me describiera cómo era el de la gente de su país. Por el mexicano ni le pregunté, sé que es harto conocido en aquellos helados confines del pequeño mundo primermundista.

Como respuesta me mandó un vínculo a un sitio de cómics que dibuja una chica danesa conocida como Humon.


El estereotipo del finlandés: getudo, callado, violento, alcohólico y portador de armas blancas. El otro personaje es un sueco, los habitantes más geeks de la península escandinava.

El estereotipo del finlandés: getudo, callado, violento, alcohólico y portador de armas blancas. El otro personaje es un sueco, estereotípicamente los habitantes más geeks de la península escandinava.

Las tiras que dibuja Humon no sólo abordan las caracterísitcas de los habitantes de cada país del norte de Europa, en muchas otras ilustra con desparpajo e irreverencia situaciones políticas, del pasado histórico, se burla de las costumbres de sus vecinos,  pone de relieve  sus comportamientos absurdos, se ríe sin reparos de las costumbres gastronómicas, sociales y religiosas. Me he divertido mucho mirando sus monos. Y lo que es más: me he cultivado.

Aquí, Humon se burla de la costumbre escandinava de comer pescado en todas sus formas. Incluso sale el hórrido "Hakarl" una especialidad islandesa consistente en carne podrida de tiburón.

Aquí, Humon se burla de la costumbre escandinava de comer pescado en todas sus formas. Incluso sale el hórrido "Hákarl" una especialidad islandesa consistente en carne podrida de tiburón.

Algún día pisaré suelo finlandés ataviada de sarape y bajo un enorme sombrero. Cuando conozca a mi amiga me cercioraré de que no un traiga cuchillo oculto bajo la manga, detrás del Jäger. Habremos de tener #pedasincera bajo el círculo polar ártico.

Dense una vuelta al sitio Scandinavia and the World, monos por la maravillosa danesa Humon.


Saskia ha vuelto

Algunos de los cuadros de la serie de Saskia anduvieron por la ciudad un buen rato. Pero al igual que su protagonista, han vuelto a casa aunque ya tengan dueño. Subiré las imágenes pronto al álbum de la serie.

Some of my concerns

Maybe this will be a dark post. Something surprising specially after the shiny character or the last one. I don´t care. This is a post about what´s eating me, my personal concerns and worries. Things that awake me in the middle of the night o drive me drowsy with tiredness at noon.

First: my parents. My father is an almost 60 year old with deep financial problems, a good hearted soul who somehow manages to bump into people who end up abusing him. He is too trusting and gives himself too easily. I don´t know why, but this neurosis of him has taken its toll on my mom, whose advice he never listens. In the verge of his sixtieth birthday, he has nothing certain, no safety net moneywise, no savings, no insurance, nada. If something were to happen, even the simplest of accidents (like a broken bone) they don´t have a fucking penny to sort it out. And he is so broken because of all of previous decisions. This is what they have led him to. It panics me to even think of him at old age. He is extremelly sensitive to any remark said to him on this subject, which makes matters worse. Recently i have found myself incredibly angry, frustrated, not no mention fucking furious at him for his innability to be supportive, he can´t be relied on, unlike so many fathers out there. I am an adult and can manage, but my mom, oh my. She has arthritis, and though the evolution of her sickness relatively well, she has problems with the movement of her hand. Her obsession with house chores worsens her, yesterday i saw her painfully scrubbing the kitchen sink and realized -again, i´ve been aware of this since i am a child- that cleaning a house is how she wants to spend her life. And that´s how she wants to spoil her hands too: cleaning till ill falls off or worse. She has no friends, no social life, she is like a shade of grey, it pains me how far down her insecurities have dragged her. I panic when i think about my parents at old age. Maybe because i am looking and my grandparents, my gradma has trouble walking and talking because she has suffered small brain lesions, she has to be looked after all the time. My grandpa is still very strong at 83, but this sunday he awoke feeling a dizzyness so intense he couldn´t get out of bed. Yesterday i heard my mom saying that they could move in with them. I shivered at the mental image of the four of them in the same space.

I think i´d kill myself first before becoming a burden. I am deep and sensitive but also vain and proud.

And last but not fucking least: there´s the horrible violence and bloodshed ravaging my beloved country. I can´t be dismissive about it.

I have to go back to row.

Much hugs,

D.

Una cazadora solitaria

“We are all damaged in our own way. Nobody´s perfect. I think we all are somewhat screwy, every single one of us”

– Johnny Depp

Hubo un tiempo atormentado en el que andaba buscando el amor en el lugar equivocado. Conocí gente compleja e interesante, personas torturadas por su percepción del mundo, almas de sensibilidad exquisita pero quizá un tanto narcisistas. Esta crónica narra una noche pivotal en la que comprendí que hay mundos a los que no pertenezco, por más fascinantes que los encuentre. Un corazón roto puede ser una brújula vuelta loca, eso me pasó a mí.

Este es el Expiatorio, el tempo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

Este es el Expiatorio, el templo de estilo neogótico cerca del que viví por un año. Crucé su explanada infinidad de veces.

“Las ratas cruzan presurosas la explanada del Expiatorio en pos de sus guaridas diurnas. Las esquivo con asco y dificultad, apenas aguanto los tacones. Son las 7:00 de la mañana. Amanece un sábado de abril. Debe ser la parte más fresca del día de esta primavera que acabamos de estrenar. Llevo un vestido azul de seda italiana que me costó carísimo en una boutique de un barrio “alternativo” de Hamburgo. Doy gracias a los dioses -en plural- porque regresa inerme. No le cayó cerveza encima. Nadie vomitó sobre él. Sigue de una sola pieza. No puedo decir lo mismo de mis medias púrpura casi nuevas. Exhiben un nada estético boquete a la altura de mi rodilla derecha. El taxista no quiso llevarme hasta mi casa. Paramos en Madero y Prisciliano Sánchez, de ahí ya no quiso seguir. No sé si es un patán o un imbécil. O si ya se hizo cierta idea de mí porque ando sola a estas horas. Ya no traigo chapetes,  la piel de mis párpados absorbió la sombra de ojos desde hace un buen rato. Paradójicamente, los ojos se me ven más grandes, o sería que el espejo del baño de mujeres del  café Lido me distorsionó a favor. A estas horas ya he perdido todo el glamour que tan cuidadosamente trabajé horas antes. El hechizo temporal de la lustrosa apariencia de cabello planchado y ojos ahumados debe haberse roto por ahí al filo de las 4 am cuando confronté al tipo que no paró de coquetearme a lo largo de toda la fiesta. Ahora  sólo quedo yo, dentro de mi disfraz de mujer hecho jirones.

Se animó a acercarse hasta que estuvo borracho. Yo programaba cualquier canción en la laptop del anfitrión y él se endiosaba. Me sorprendió. Nadie había sido nunca tan frontal conmigo. ¿Un caballero ahogado en alcohol? Me pidió que si podía besarme la mano. Yo tampoco era, a las 2 am, la imagen de la sobriedad, se lo permití. Sentí la ausencia de varias de mis amigas, supe que debían estar en el patio, fumándose el único gallo de la fiesta. La luz era tenue, las caras estaban envueltas en penumbra. Él también se sabía la letra de Parklife. La cantó incluso con un sobreactuado acento que pretendía sonar británico.  A esas horas y en mi estado, más bien me sonó escocés. Onda Mark Renton.   Le fascinó que me fascinaran Leonard Cohen y David Bowie,  que me supiera todas las letras. Le fascinó lo de él que vio en mí.  Pero en esa fiesta todos éramos espejos, todos teníamos el mismo pelaje, le aullábamos a lo mismo.  “Permítanme decirles que,  ustedes las mujeres…”-empezó a decir, atragantándose con su propia saliva- “son una maravilla, son la onda, ¡que viva la vaginocracia!”. Cuando alcancé a escuchar eso charlaba con las chicas de la fiesta, hablábamos sobre el futuro, de dónde íbamos a sacar ladrillos para edificar lo que deseábamos. Harta, lo agarré del hombro y me lo llevé al rellano de la escalera, donde nadie pudiera vernos. Se dejó llevar como un corderillo.

Él era considerablemente más alto que yo, y me quedaba a contraluz. Apenas podía verle los ojos. Debió pensar que lo aparté para besuquearlo o para hacerle alguna propuesta en privado porque pude notar su emoción cuando se acercó aún más a mí. Pero yo sólo deseaba hacerle una pregunta: “Dime algo, si somos taaaan maravillosas, ¿porqué ustedes son tan mierda?”. Peló tanto los ojos que pude ver su brillo en la oscuridad. Se quedó en silencio unos instantes. “Por pendejos, por eso” me respondió,  luego me abrazó. Y me besó. El beso fue rudeza, dientes y encías.  Y yo, que me sentía tan valerosa dentro de mi traje azul –y más aún después de cuatro cervezas-, tan imponente sobre mis tacones de aguja, tan invencible y chingona detrás de mis sombras grises, rompí a llorar como magdalena mientras me decía que no sabía quién me había lastimado, pero que no tenía idea del tesoro que había perdido, y que ningún hombre merecía que una mujer llorara por él, ni siquiera Brad Pitt. Luego agregó lo hermosa, lo divina, lo guapísisisima que me encontraba, lo mucho que le gustaba, dijo que no me fallaría, que si mi personalidad, que si mi pelo, que si mi manera de ser, y mientras más cosas hermosas me decía, más lloraba yo. Quería que nos fuéramos a su casa. Al oído me suplicó que lo dejara amarme. No le dije que no. Pero él entendió. Abandonamos la fiesta en taxi y nos dirigimos al Lido. A las cinco de la mañana. Los parroquianos parecían restos de algún naufragio. Los manteles de poliéster estaban todos repletos de agujeros abiertos por cigarrillos encendidos. Mi acompañante y yo nos sentamos cerca del baño. La camarera de cara grasosa y pestañas tiesas como telarañas nos tomó la orden: un café negro para mí, una tecate para él. Seguía pidiéndome permiso para besarme la mano mientras vaciaba la primera cerveza de cinco. Nunca pude verlo sobrio. Supe que es cineasta y que tiene broncas con la soledad.  Le eché cuatro cucharadas de azúcar al café. Todo lo posible por endulzar esa madrugada. Tenía sus ojos clavados en los míos a sólo un palmo de distancia. Pude ver un polvo blanco en sus delicadas fosas nasales.  “Proyectas tanta esperanza” –me dijo, y luego agregó que me amaba. Se me escurrieron un par de lágrimas más que  ya no tenían que ver con el desamor, los ojos me escocían. A las diez tenía una despedida de soltera y antes debía despedirme de él. Pedimos la cuenta.

Abracé, tal vez por última vez, a ese hombre que dijo haberse enamorado de mí en unas horas. Con los primeros rayos del sol dolía verlo tan perdido.  Yo sabía que lo nuestro que nunca empezó en realidad no habría funcionado. Pero sus palabras fueron lo que necesitaba oír. Abro la puerta del taxi,  la piel del dorso de mi mano rígida de saliva seca y me marcho a casa. Miro la ciudad despertarse. Aquello que busco no puede estar muy lejos.”