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2014

 

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Se acaba el 2014. Quería escribir un post laaaaargo, lleno de metáforas, salpicado de cursilería varia-pero-honesta. Pero no, seré concreta pero errática, no gimotearé por las incertidumbres e inseguridades, complejos, tristezas y así, tampoco les hablaré de mi programa para coleccionistas, eso ya está explicado en su sección correspondiente de esta página, tampoco presumiré lo mucho que me aman, esa parte la mantengo en el centro, apuntalando lo demás.

En estos doce meses aprendí más lecciones sobre vivir del arte, además, pude compartirlas con artistas más jóvenes en la Feria de Ilustración Arteria. Adoptamos otra perrita, llegó Totasa a nuestras vidas a completar la familia, mejoramos nuestra receta de ramen tonkotsu, reavivamos nuestro adormecido gusto por los videojuegos, nos hemos indignado hasta las lágrimas al contar hasta 43, he dibujado muchísimo, canté mucho de manera desvergonzada, he empezado a gestar mi próximo libro, dejé atrás el pasado, he aprendido a cocinar, a ser mejor administradora, he vendido y también regalado mi trabajo, he exigido saber, he rechazado propuestas, he dormido más, visto mucho cine, conocido más a mi gente, reencontrado otras, y por sobre todo, me he dado cuenta de que el lugar donde más feliz soy es en mi hogar, entiéndase donde estén mi amor, mis perritas, mis tintas y papeles.

¡Ah! Y que de la fértil duermevela me traeré las imágenes bellas y perturbadoras para mi libro. Por cierto ya tengo el título, pero no lo voy a revelar aún.

También hay gente a la que quiero ver más, que no se me desvalaguen. Mi círculo es pequeñito pero sustancioso.

En fin, gracias 2014, por cerrarme el hocico y sorprenderme.

Vente 2015, sé luciferino y delicioso. Aquí hay tinta y ramen para ti.

 

 

 

En la Feria de Ilustración Arteria

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Tuve el honor de ser invitada a dar una conferencia dentro del marco de la tercera edición del Festival Arteria de Ilustración. La conferencia más bien se convirtió en una rica charla en la que compartí recomendaciones para avanzar en una carrera en las artes visuales, para poder comercializar la obra y a final de cuentas, poder vivir dignamente de esto. Todos los tips que compartí los he ido aprendiendo a lo largo de catorce años en este camino, y como le comentaba a la audiencia: si al aplicar algo de lo que di a conocer se ahorran unos años y progresan a mayor ritmo de lo que yo lo he hecho, pues qué maravilla, ése era mi objetivo. Uno empieza una carrera en las artes sin tener idea de para donde jalar o qué hacer, lo único que deseas es dibujar. Pero si defines los objetivos a largo plazo creo que los alcanzarás más rápido. Yo, como les comentaba a los artistas más jóvenes que me escuchaban, también he sido receptora de sucesos afortunados, pero si ello me ha pasado, es porque he procurado estar en constante exposición, ninguna de las personas que se han vuelto importantes en mi carrera ha ido a tocar la puerta de mi casa. Más bien ha sido al revés y he sido yo quien ha estado tocando puertas, consciente de que algunas nunca se abrirán.

Pero otras tantas sí.

Me hubiera encantado poder haber escuchado mi propia charla en su momento, me figuraba que ahí estaba mi yo más joven, poniendo atención, ñoñamente tomando notas, dispuesta a poner en práctica los consejos escuchados. Al final hubo una ronda de preguntas y respuestas, intenté contestarlas lo mejor posible, creo que lo hice bien. Fue la primera charla de este tipo que brindé y me gustó. Me gustó ver tanto joven súper talentoso. Me gustó devolverle al arte un poco de todo lo que me ha dado.

Ramen Tonkotsu love

Nuestro amor por el ramen tonkotsu comenzó en Los Ángeles. En octubre de 2012 para ser más exactos. Estaba en California para la apertura de una exposición en el Consulado de México y planeando todo para quedarnos a vivir. Una noche, la asistente del agregado cultural del Consulado, Mariana Bermúdez, nos tendió un inocente volante de un restaurante de ramen donde, celebrando su aniversario, el lugar ofrecía los bowls de ramen a sólo tres dólares. El lugar, llamado Shin-Sen-Gumi, estaba en Little Tokyo. Quedamos de vernos en el lugar más tarde.

Nunca habíamos estado en Little Tokyo, terminamos llegando en el auto de mi coleccionista, quien resultó ser también un entusiasta del ramen y se nos unió tras conocer nuestros planes luego de una junta.

El lugar era pequeñito, nos tocó una mesa en la terraza, con vista a la calle y a la multitud que esperaba su turno. La mesera, con eficiencia nipona, nos pasó unas hojitas donde debías especificar cómo querías el ramen: caldo espeso, mediano o ligero, poco o mucho aceite, tallarines medianamente suaves o súper blanditos, si deseabas que le pusieran chashu o gengibre. Abajo venía una larga lista de toppings, la idea era que tacharas cuáles te apetecían, algunos de los que recuerdo son: germinado de soya, tocino, costillita de puerco, puerco empanizado, huevo duro, cebolla crujiente, ajo fresco, bambú, granos de maíz, miso picante, oreja de cerdo, etc. Taché varios, pero conforme pasamos meses allá, fuimos refinando el gusto hasta casi no necesitar topping alguno.

Trajeron la sopa, el caldo era blanco, caliente, untuoso, exquisito, diminutas partículas de grasa flotaban por toda su superficie, pero eran tan suaves que se te desbarataban en la boca. Fue una especie de epifanía. Nunca había comido algo así. Se convirtió, junto con la comida iraní, -luego hablo de esa- en el platillo que nos reconfortaba en la adaptación a vivir en EU. Luego volvimos a México y nos dio por querer prepararlo, ya que ninguno de los restaurantes que sirven ramen en esta ciudad, ninguno, ofrece ramen tonkotsu.

Bueno, pues ahora a lo que nos truje, les voy a explicar cómo preparar un caldo tonkotsu. Primero, necesitan manitas de puerco cortadas a lo largo, el corte ayuda a que la extracción de colágeno sea más eficiente, también huesos de pata de puerco. Los huesos de pollo aportan sabor, pueden usar cualquier hueso de esta ave, nomás cuiden de que vengan casi sin piel ni carne. Un ramen para 30 personas necesita más o menos un kilo y medio de cada tipo de huesos y unas cinco manitas de cerdo.

Ahora les revelo un secreto para que su caldo salga blanco, no café. Primero laven bien los huesos bajo el chorro del agua del fregador, luego pónganlos a hervir en una olla con suficiente agua para taparlos, primero los de cerdo y, en otra tanda, los de pollo. Déjenlos hervir por unos 15 minutos, hasta que vean que ya no sale más sangre y mugrita varia de los huesos. Sáquenlos y lávenlos de nuevo. La idea de este paso es dejar los huesos lo más limpios posible. Laven la olla y ahora sí ya estamos listos para comenzar. Vuelvan a meter todos los huesos y las manitas, viertan suficiente agua hasta que el nivel esté a unos centímetros por encima de los huesos y enciendan la hornilla a fuego alto.

Mientras sus huesos están ya en proceso, tomen unas tres cebollas grandes, rebánenlas finamente y apártenlas. Hagan lo mismo con tres cabezas de gengibre, pelen los ajos de tres cabezas de ajo pero no los piquen, déjenlos enteros. Ahora pongan un chorro de aceite en una sartén, calienten y viertan en ella el gengibre y el ajo. Caramelizen hasta que luzcan cafés. Luego todo eso pónganlo aparte y caramelizen toda la cebolla en el aceite que usaron para el paso anterior.

Mientras hacen todo esto, vayan checando cómo va su caldo, retiren con un colador o una cuchara cualquier rastro de espuma o incluso de sangre que pueda salir a la superficie. Cuando su caldo ya no esté liberando nada más, incorporen la cebolla, el gengibre y el ajo junto con tres cucharadotas de pimienta blanca. Esto volverá al caldo una delicia aromática. Nosotros recomendamos que más o menos cada 15 minutos revuelvan los huesos, esto para que no se queden mucho tiempo en el fondo de la olla y se quemen. Más o menos cuando su caldo lleve unas cinco horas hirviendo, podrán regocijarse y ver cómo comienza a tornarse blanquecino, OH SÍ.

Otra cosa, más o menos cada media hora chequen el nivel del caldo, el agua se va evaporando y necesitan ir añadiendo más, agreguen un litro de agua más o menos cada hora.

En cuanto a los toppings, nosotros hasta ahora somos fans del tonkatsu, o sea finos bisteces de puerco empanizados, tocino crujiente, ajo fresco molido, cebollín, ajonjolí tostado y huevo cocido. Pronto experimentaremos para preparar el riquísimo chashu (puerco rebanado asado muy muy lentamente), ya les avisaré.

Cuando su caldo ya haya llegado a las ocho horas de ebullición, tomen un poco con una cuchara y pruébenlo, este es el momento de ajustar la sal a su gusto.

Para servirlo, recomendamos vertir un chorrito de aceite de ajonjolí en el bol antes de colocar la pasta y el caldo.

¡Disfruten!

Exposición “Las Historias” en Diana Martin Gallery

Este sábado 22 de Noviembre, al filo de las 20:00 horas, en Diana Martín Gallery abrimos las puertas para esperar a nuestros amigos, familia, coleccionistas y demás personajes amantes del arte. La noche anterior nos habíamos afanado en la museografía y la curaduría de las obras. Los clavos ya estaban en su lugar, las paredes resanadas y pintadas. Las cédulas listas. Los focos cambiados, listas las lámparas de aceite que decoraron la mesa de hierro forjado y azulejo del jardín.

La mañana del 22 nos encontró preparando el ramen tonkotsu que ofreceríamos por la noche, -ya haré un post específico sobre el ramen, por si gustan prepararlo en sus casas- elegimos este platillo porque lo amamos, porque como todo lo que vale la pena en la vida, toma tiempo, y porque nos encanta compartir nuestros hallazgos deliciosos.

La gente comenzó a llegar muy puntual, un par de minutos antes de las ocho incluso, al principio se veían pocos pero hubo un momento en el que ya estaba la galería repleta. Nunca habíamos tenido tantos invitados. Jos se afanó en servirles el ramen, había personas haciendo fila para la cena, otras miraban la obra y leían las historias. Yo trataba de platicar con todos, una tarea complicada porque verdaderamente eran muchos. Estábamos muy contentos, medio estresados porque queríamos atenderlos a todos muy bien pero felices por la afluencia. Al filo de las nueve dí el discurso inaugural, esta vez no lo anoté, improvisé, agradecí, expliqué de que iban las historias, los y las invité a leerlas toditas, y sobre todo, que tuvieran en cuenta que estas historias, las que yo había escrito, estaban muy lejos de ser las únicas que los cuadros podían inspirar, que cada uno de ellos podía hilvanar la suya propia a partir de mi trabajo. El programa de coleccionistas lo expliqué a partir de ejemplos de mis fieles compradores.

Amé ver que las personas no se cansaban de observar. En un punto hubo una mini crisis: eran tantas personas que se nos terminó la pasta. Jos se lanzó, heroico, a comprar más. Al final todos pudimos cenar bien y rico. El caldo se terminó. Cuando me subí al banquito para poder mirar hacia adentro de la olla no lo podía creer.

Hace un año creía que no iba a poder con el peso de mi vocación, pero las cosas se han movido y fluido noblemente.

Me emociona lo que me depara el futuro.

 

El primer año del Programa de Coleccionistas

Hace un año comenzamos el Programa de Coleccionistas en la Diana Martin Gallery. En una noche de muchos nervios e incertidumbre decidí lanzar esta nueva modalidad para adquirir obra y, ahora que cumple su primer año puedo compartirles que ha sido una experiencia llena de agradables sorpresas y gratitud. Por años no había tenido la libertad de decidir a quién venderle mi obra y aquellas personas que deseaban poder comprar de nuevo no habían podido hacerlo, en esa noche me reencontré con ellos y recibí su apoyo y admiración de nuevo.

El próximo 22 de Noviembre, un sábado al filo de las 20:00 horas, presentaré la mayor parte de la obra que he producido en este año en el que he trabajado sin un hilo conductor definido, -como en mis otras series- sino que más bien cada obra puede ser el inicio de una nueva historia, de ahí que el título de esta muestra sea, precisamente “Las Historias”. Esta será la primera de mis exposiciones en la que cada cuadro estará acompañado de la historia que cuenta, en vez de conformar entre todas, una sola.

“Las Historias” es una muestra que refleja las múltiples direcciones que tomó mi creatividad después del ciclo de haber trabajado con dos mecenas diferentes, expresando, tal vez, las diversas posibilidades abiertas ante mí. Y ahora, después de haber explorado los inicios de tantos caminos, sé cuál seguir para el próximo año.

Los y las invito de todo corazón a mi casa/galería a que conozcan “Las Historias” a que platiquemos, cenemos y brindemos, a que se llenen los ojos con la obra y a que sean parte de este grupo de personas extraordinarias que apoyan mi trabajo, a celebrar que durante los últimos doce meses, soy más feliz que nunca haciendo lo que mejor sé hacer.

Entran tres chicas a un teibol…

El último día de enero fuimos a un teibol.
íbamos a ser varias, probablemente un quinteto. Al final, paradas frente a los guardias trajeados de la alfombra roja que marca la entrada al recinto, sólo estuvimos tres. Llegamos bastante temprano, apenas eran las 10 de la noche y el tráfico de López Mateos rugía a pocos metros.
“Sólo pueden entrar hombres” nos informaron.
“Ah, pero es que usted no sabe, una de nosotras es hombre” le espeté socarronamente al vigilante. Cuando éste puso cara de incredulidad y también de curiosidad, tratando de adivinar cuál de nosotras era el hombre travestido, le dije que no se lo creyera, que era broma. Pero que nuestras intenciones de entrar y pasarla bien eran de lo más solemnes.
De las primeras cosas que advertí es que bajo el cielo oscuro puedes hacer pasar como elegante cualquier prenda medianamente bien cortada. Los refinados guardias deliberaron entre ellos unos instantes y al final nos condujeron hasta la recepción forrada de tela carmesí. Ahí, a la izquierda estaba la puerta de ingreso con su correspondiente arco detector de metales. A la derecha, impresa en una hoja de papel bond pegada con una tachuela colgaba la lista de licores que se ofertaban con sus respectivos precios, la botella de Absolut: un poco más de mil pesos. No sabíamos si íbamos a poder entrar pero ya habíamos decidido que eso beberíamos.

Los caballeros tras el escritorio-recepción de bordes curvos seguían muy serios. Yo ya consideraba llamarle al novio de alguna de nosotras para usarlo como salvoconducto, aunque un hombre entre nosotras hubiera cambiado el tenor de toda la noche. Ultimadamente debimos parecerles una especie de respetables lesbianas enclosetadas dispuestas a gastar una lana
porque nos dejaron pasar. La entrada costó 180 pesos, con un sexy de dos minutos incluido con la chica que gustaras, siempre y cuando atendiera mujeres.

Antes de que inciara la noche tenía sueño. Pero cuando atravesamos el arco y por fin nos internamos en el bule la emoción me puso alerta inmediatemente. El piso, las paredes, forradas de tela roja, pulsaban suavemente con las luces danzarinas de colores que giraban sobre la pista de baile en forma de ocho. Elegimos una mesa rodeada de sillones empotrados en la
pared. Uno de los lugares más iluminados del negocio.

Una de las chicas tomó el sinuoso escenario, su figura gordibuena se contoneó con languidez, una de sus manos aferrada a uno de los dos tubos metálicos, dominando los pasos sobre sus tacones negros, altos como el vértigo. Se nos acercó un mesero, solícito como pocos. Se identificó como: “El negrito”. Pedimos el vodka aderezado de tres chicas que atendieran chicas. Lo que solicitamos llegó enseguida.
La muchacha que se sentó a mi lado dijo llamarse Judith. A menos ese es su nombre en sus jornadas nocturnas. Es de figura menuda y delicada, con una cara en forma de corazón, como de princesa. Sus ojos eran de un azul pupilente, le daban un aspecto desconcertante a su rostro; como de algo irreal, como de un personaje de teatro, bajado de las tablas para hablar contigo. Su piel blanquísima estaba cubierta por transparencias de intrincados encajes y una delgada membrana de seda. No está permitido tocarlas. No me aguanto la curiosidad y comienzo a hacerle preguntas. Es de Monterrey, tiene 19 años, quiere ser criminóloga.

Una señora regordeta circula por el teibol, parece una de esas magníficas cocineras de fritangas callejeras. Judith dice que ella es la “Mama”, una figura cuya encomienda es hacerlas sentir bien, ver por ellas, que coman, procurarles un analgésico si tienen cólico, dolor de cabeza. Consolarlas si están borrachas, cuidarlas de los hombres que se propasan. A final de
cuentas, me queda claro que la Mama está ahí para chiquearlas. Eso me da gusto, es como una antítesis de la figura explotadora y cruel de la Madrota o del Padrote.

“De hecho se come muy rico aquí, hoy hay pescado, lasaña, pizza. El cocinero hace platillos muy ricos. También puede prepararte una ensalada si estás a dieta. Ustedes pueden ordenar de cenar si gustan” me dice Judith.

No hay un casting para trabajar aquí. Simplemente te presentas a una entrevista y comienzas al caer la noche. La jornada es de 10 pm a 6 am. Tienen sueldo base, lo que quiere decir que si quieres te la puedes pasar sentada. Pero el verdadero dinero lo haces con los bailes, con los sexies privados y claro, con el sexo.

“Una sesión de sexo cuesta alrededor de tres mil pesos. El condón es obligatorio y hay alguien afuera del cuarto cuidándonos por si el cliente se pone mal”

Judith tiene que interrumpir su charla conmigo para subir a bailar, para mi sorpresa, se contonea al ritmo de “Strawberry Fields” mientras se va despojando de sus velos y prendas encaje hasta quedar topless y con nada más que una tanguita y sus taconazos.
Para esto, no crean que Judith se quedó a compartir de manera gratuita tantos detalles de su vida, tuve que comprarle una diminuta bebida que parecía de juguete, 250 pesos de prácticamente puro jugo de naranja con un chorrito de alcohol.

“Es que tampoco nos podemos poner borrachas tan rápido”

Una de las chicas que conversaba con otra de mis amigas se hace llamar Ángel, he de serle justa, sí hace honor a su nombre. Sus tacones de aguja son de plástico transparente, dentro del tacón hueco bailan miles de partículas de brillantina.
“A mí, la verdad, me caga estudiar” declara con desparpajo.
Judith dice que son libres de elegir su vestuario, la música y sus pasos de baile. Nadie las fuerza a nada. La truculenta historia de explotación que yo esperaba encontrar no aparece. La truculencia eso sí, está en los gajes del oficio, detalles que enumera Ángel con la pierna cruzada: la chica que estaba masturbando a un cliente en público, tener que aparentar que te
gusta un cliente para que te compre más bebidas o bailes privados, los furtivos agarrones de trasero, las confesiones de los hombres acerca de vidas insatisfechas, o aquella memorable ocasión en la que ingresó un grupo de mujeres y, tras aposentarse en el rincón más oscuro, esperaron a que llegara el marido de una de ellas. “Cuando el infeliz apareció, se le fueron encima a gritos y golpes”.

El solícito mesero me insiste, por enésima vez, que si le invito otro trago a Judith. Declino y ella se despide, toda sonrisas, diciendo que me contactará para que le haga un dibujo porque las paredes del depa que comparte con sus roomies, también bailarinas, están muy pelonas.

A estas alturas de la noche he visto a tantas chicas en lencería revoloteando alrededor de los caballeros arrellanados en los sillones que comienzo a apreciar en vivo el magnetismo de una dama enfundada en ropa interior breve y exquisita. Sí que vimos a muchas de ellas con la pinta clásica, el estereotipo burdo de la teibolera: pelo más allá de la cintura, en capas, usando tangas que apenas si son unas ligas alrededor de las caderas. Pero otras, como Judith, demuestran audacia al tener otro estilo, más fino, en la sensualidad.

Entonces tomó el escenario una mujer que me impresionó, era como una aparición de los años treintas: alta, con su cabello cortado estilo bob, lacio, brillante. Su fleco liso y sus labios rojos, su cintura breve a medio camino entre los grandes pechos y las amplias caderas. Lucía no como una muñequita recién dejando la pubertad, como Judith, sino como una dama que ha visto y vivido, con un cuerpo acorde, capaz de revelarse con sus secretos y recuerdos. Llevaba ligueros de encaje negro por debajo de un vestido de gasa color aguamarina, su figura se develaba desnuda a instantes según sus movimientos. Preguntamos por ella al mesero y tras terminar su baile, Katia llegó a nuestra mesa.

Primero le bailó a una de mis amigas, contorsionó su torso con tan elasticidad que pareció desprovista de huesos, frotó rítmicamente su entrepierna contra la rodilla de ella, moviendo sus caderas hacia adelante y atrás, con la espalda arqueada, las piernas dobladas. Los meseros se apiñaron a nuestro alrededor, deseosos de ver. Indignada y divertida, los hice irse. Para un baile privado debes pagar más. Luego me tocó a mí. Me moría de nervios.

Nunca, a diferencia de otras mujeres heterosexuales, me han dado “asco” las mujeres, simplemente hasta ahora no se me han antojado de ese modo, por eso cuando Katia se sentó a horcajadas sobre mis caderas, balanceándose y frotándose placerosamente, mis impresiones corrieron de manera cerebral, analizando el momento, pensamiento tras pensamiento: esto es lo que un hombre ve, lo que un hombre siente, esta dulzura, este perfume. Katia me dejó tocarla, -tal
vez una concesión por ser mujer- deslicé mis manos torpes por la curva nívea de sus nalgas, por su cintura y su pelo, por ese peinado que me había encantado. Le pregunté dónde había comprado sus ligueros.

“En el mero centro, en Enrique González Martínez”

Luego se irguió y apoyó las manos a cada lado de mi cabeza, inclinó su pecho hacia mí y mi cara quedó hundida entre sus senos. Nunca había sentido el cuerpo de otra mujer, sólo visto y admirado la estética de su diseño. Cuando terminó, se despidió de mí con un brevísimo beso en la boca. Pura suavidad.

Y pues nada, que sigo esperando a que Judith me contacte para dibujarle.

Para que deseen ver

Lux provoca el deseo en los sin-ojos desnudándose y mostrando los ojos sobre su cuerpo a manera de bandeja. Algunos sucumben a la tentación de ver y llenan sus vacías cuencas oculares.Tinta sobre papel.

Crónica de la Cita para Coleccionistas parte II en Diana Martín Gallery

 

Decidí que la fecha de mi cumpleaños sería especial. No especial de ir a algún lugar fuera de lo común, o de vacacionar; sino especial porque decidí fusionarla con trabajo, con compartir la obra nueva y también acoplar el inicio de un año nuevo en el que quiero que abunden los motivos para dibujar y que mi obra llegue a más y más personas.

La Diana Martin Gallery ya tiene un año y comienza a correr el segundo. El espacio alberga ya pura obra original (a diferencia de cuando empezamos, en ese entonces sólo teníamos reproducciones) estamos en otra sede: una casa nueva y luminosa con un jardín que poco a poco vamos llenando de árboles y plantas. El proyecto se mueve y crece como un ser vivo.

Arrancamos el Programa para coleccionistas, una iniciativa que desde Octubre del año pasado ha permitido que el proyecto sea viable financieramente, este proyecto va ganando adeptos poco a poco. Es un rumorcillo que lentamente va sonando más fuerte.

El día del evento nos encontró comprando los ingredientes para la cena, cocinando toda la tarde, yendo a recoger la obra enmarcada, montándola y ordenando los últimos detalles de la noche: detalles como el libro de visitas, tapar las obras nuevas con raso negro, colocar el atril de hierro forjado, pegar las cédulas para los cuadros, poner la música, ponernos guapos.

Al filo de las ocho comenzaron a llegar nuestros invitados, fluyeron naturalmente por la galería, desembocando en el jardín, -hacía una noche deliciosa, fresca- ahí charlamos, los puse al día sobre el proyecto, amaron la casa nueva, los árboles que hemos plantado: el olivo, el algarrobo. Faltando veinte minutos para las nueve los animé a pasar a la sala para hacer la presentación, lucían en sus manos sendas botellitas de Finlandia Frost, -bebida que generosamente nos patrocinó Tequila Herradura-, agradecí su presencia, a los amigos y familia que nos ayudaron a sacar adelante el evento. Expliqué de qué trataban los dos cuadros nuevos que me disponía a develar, les expliqué de dónde venía la inspiración que me llevó a dibujarlos. Luego los descubrí.

El público entonces pudo apreciarlos. Aquí les comparto algo más: así como hay personas que regatean sin pudor, hay otras que llegan a amar tanto mi trabajo y además a respetarlo a tal grado que con su trato me siguen enseñando cómo debo conducirme en este mundo del arte, tan repleto de gente ventajosa. Con cada evento gano más confianza en mis dibujos y me sigue pareciendo impactante cómo una obra que a tus ojos no te acabó de gustar encanta a la gente. La perspectiva de quien crea está muchas veces carcomida, -incluso en la gente más respetada en el arte- por cierta inseguridad.

Pero esa noche batí un récord de ventas que no había alcanzado nunca en mi carrera, rodeada de gente que estaba ahí porque lo deseaba y estaba disfrutando de la noche. Me trajeron un pastel precioso, algo que me recordó que efectivamente también era mi cumpleaños, y los regalitos.

Vinieron quienes debieron estar, no faltó ni sobró nadie.

Pero a todos ustedes que desean venir, los que se están enterando, los que llevan tiempo sin acudir, a quienes les gusta mi trabajo, les comparto que las puertas de esta casa/galería están siempre abiertas, y habrá más eventos, y más arte, mientras mis manos no dejen de hilvanar historias con líneas sobre el papel.

 

Tota

  • Hace un mes adoptamos a Tota. La negra Totasa le decimos. Parece una cruza de maltés con cocker y vaya usted a saber qué más. Un amigo me dijo que parece que yo la dibujé de tan negro su pelaje. A ratos sus movimientos son elegantes y precisos y luego juega y es el ser más torpe y desmañanado y se da de golpes al perseguir la pelotita luminosa que su hermanita Molly (también ex-callejera) rechazó. To es muy juguetona, dulce hasta el empalago. También es una raterilla; extrae calcetines, chones, chanclas y cualesquier prenda del cesto de ropa sucia para hacer más acogedora su camita. Es curiosa, antojada, besucona, y también le tiene miedo a Jos.
    Cuando llegó nos temía los dos, era sumamente cautelosa, sus ojos con la medialuna blanca de la precaución permanente. Incluso se nos escapó durante la tarde de su primer día con nosotros. Se escurrió por un hueco angostísimo que dejó la tabla de macocel con la que tapamos hechizamente la luz de los barrotes blancos de la puerta del jardín. Obviamente se lastimó, pero su terror hacia nosotros y toda su situación nueva borró toda otra posibilidad de su mente de perro maltratado y vejado por humanos hijosdeputa. La buscamos como locos por la colonia, los dos corriendo desgreñados, en fachas y chancludos, -trabajamos desde casa, o sea que no nos arreglamos muy seguido entre semana- luego en el carro, desesperados y yo al borde de ponerme a chillar por la culpa y la impotencia, pensando que qué pinchurriento destino el de esa perrita que por su pasado había jodido su futuro de harto amor y tragazón con nosotros. Vivimos cerca del Periférico, la imagen de un pequeño cadáver oscuro, tieso junto al muro de contensión no dejaba mi mente.Pero la encontramos.

    Luego, (como 48 horas después) Tota se dio cuenta de que podía confiar en mí y desarrolló una codependencia hacia mis faldas y mi presencia. Toda la situación removió cosas extrañas en Jos, quien le atribuía razones humanas a su desprecio y tremendo azoro. La perra resultó más eficaz que un psicológo para proyectar complejos y asuntos a medio cerrar, despertó en Jos una frustración inaguantable que explotaba todos los días. Y yo como salero ahí entre mi novio y la perra, entendiéndolos a los dos, buscando textos de César Millán y demás gente experta en lidiar con canes tímidos. Jos no hizo caso de nada y eso me frustró a mí de vuelta. Los gestos que yo encontraba adorables en To, desquiciaban a Jos y lo llevaron a amar más a nuestra otra perrujilla, la cuasigato Molly.
    Molly no le hizo caso a Tota las primeras semanas. Le dio su espacio a la loca para que se aclimatara y con el tiempo las dos comenzaron a retozar y jugar. Creo que Jos debió imitar la actitud de Mo, tan sabia en su empatía perruna, más elocuente que Millán.
    To ya le tiene menos miedo a Jos, quien nunca la ha podido ignorar, Jos no se aguanta de tomarla en brazos y acariciarla mientras To es una cosa rígida que tal parece que viaja a su torturado pasado en un ataque de estrés postraumático ( Jos y yo dedujimos que la maltrataban hombres, y muy probablemente había uno barbón y grandote que la golpeaba con especial saña. Cabrón.)

    Pero los perrujos le sacan a uno una ternura que no sabía que tenía. Cuando escuché a Jos decirle “Toti” a Tota supe que aunque a veces nos gane la desesperación vamos a estar bien en esta aventura de adaptación.
    A Molly le llevó muchos meses dejar de ser tan altanera y mamona con cualquier homínido que no fuéramos nosotros. Así que Tota le lleva  ventaja en su propio proceso.

Y bueno, pues que amo a mis perrashijas.

Adopten.

 

 

 

2013

“Never complain, never explain. No one is paying you for either. Keep shining, crazy diamond. Carry on with your mission.”
Caitlin Moran

El 2013 nos agarró en Los Ángeles pero ya sabía que regresaríamos a Guadalajara. Me moría de frío en el Universal City Walk cuando dieron las doce y el DJ del evento que estaba a reventar nos puso la de “Gangam Style”. Al volver a casa, mientras esperábamos el metro en el andén, me quité los aretes y uno de ellos se me cayó, quebrándose. Esos aretes me los había obsequiado mi mecenas a principios de diciembre.

Mi suegra y mi cuñado nos visitaron durante la primera semana de enero. Los paseamos por los lugares que Jos y yo habíamos aprendido a amar en esa ciudad y cuando ellos regresaron, los preparativos para volver a México comenzaron. Devolvimos los muebles que un amigo de mi mecenas nos había prestado, cancelamos los contratos de luz, agua, gas y el internet. Vendimos nuestro colchón y regalamos los demás enseres de la casa. Mandé por FedEx a México mis libros. Mi mecenas y yo firmamos una especie de contrato que definiría nuestra forma de trabajar desde ese momento.

Regresamos a Guadalajara el 31 de enero, muy contentos de estar de vuelta pero con muchas deudas que pagar. Nos movimos para juntar dinero y al cabo de unas semanas ya no debíamos nada. Vivimos en casa de mi suegra por dos meses mientras nos recuperá amos financieramente, disfrutando de la exquisita comida de la abuelita de Jos, de trabajar en la mesa del jardín y de la maravilla que es vivir en Las Fuentes.
Fue en este período que comencé a experimentar una fuerte ansiedad al tratar con mi mecenas y a sentir la ambivalencia de su apoyo, sus dudas e incluso, tal vez, su arrepentimiento de haberse metido en el borlote de apoyar a una artista. Esta ansiedad, junto con la sensación de fatalidad de que todo podía irse a la mierda me llevó a producir obra de manera compulsiva, a mandarle regalitos y cartas donde le abría mi corazón en una especie de súplica tácita de que no retirara su apoyo. Nunca he sido capaz de separar los negocios de las emociones. No quería faltar a mi parte del trato por ningún motivo aunque debido a mi nerviosismo, la obra que produje en esos meses y los que siguieron no fue -con pocas excepciones- buena.

En Abril nos mudamos a la que sería nuestra casa y también la primera sede en Guadalajara de la Diana Martín Gallery. Una casa enorme, vieja y maravillosa en la calle de Miguel Blanco, muy cerca del templo Expiatorio. Invertimos en dejarla hermosa para nuestro primer evento: en mi cumpleaños preparamos un ramen multitudinario que espero mucha gente recuerde con cariño, no le cobramos a nadie y no paramos de trabajar. Fue en este día que mi mecenas me comentó que le mandara toda la obra que hubiera producido. Lo hice. Después, en agosto, descubrí que nunca la desenvolvió.

También en Mayo llegó a nuestras vidas Molly, nuestra bella perrita negra. Salimos a tomar una nieve y en aquella veterinaria estaban dando animalitos en adopción. Regresamos a casa con aquella cosita flaca de ojitos tristes que había sido arrojada a la calle por sus anteriores amos. Molly nos ha hecho muy felices desde entonces, es la perrita ideal: tranquila, listísima, cariñosa, juguetona, mamoncilla y casi muda. Nuestra chiquita.

En los siguientes tres meses seguimos con el esquema de los eventos todas las semanas, todos los viernes. El objetivo: que más gente conociera la obra y me conociera a mí, que cenaran y bebieran rico y claro, que compraran ya fuera un grabado o una reproducción firmada en papel fotográfico. Logramos ventas pero con pocas excepciones fueron significativas monetariamente. En los eventos cobrábamos una cuota de recuperación para solventar lo que se había invertido en la cena, sin ninguna ganancia. Con el tiempo nos dimos cuenta de que la gente no ponía mucha atención en la obra sino en la peda, que no subían a los cuartos de arriba a ver los cuadros y que el verdadero negocio estaba en la venta de originales y grabados.

Entonces ajustamos la estrategia, ya no cobramos por los eventos, ya no vendemos reproducciones. De ese modo se le da mayor dignidad y nivel al evento.

Pero antes de que aplicáramos esto, hubo dos eventos memorables en la casa/galería, déjenme explicarles: también pensamos en prestar la casa para eventos ajenos para que más personas conocieran mi trabajo. Esta estratagema fracasó en lo que a ventas se refiere pero, como les comento, nos dejó un par de experiencias muy especiales. A finales de Junio un buen amigo cumplió años y pues se festejó con una magna fiesta donde hubo Body Sushi, además de excelente música y comida. Por esas fechas acabábamos de ver Gatsby y les juro que la exclusividad de este evento junto con la producción nos hizo sentir que éramos los anfitriones de una de las legendarias fiestas de aquella mansión en la ficticia West Egg. Un cónclave de este tipo no se logra sin tener una gran química y complicidad entre organizadores, cosa que vaya que hubo y sigue habiendo. Un cuadro salió de lo que vi esa noche, y les puedo confiar que está en manos de sus legítimos dueños.

El otro evento fue en septiembre, en el cumpleaños número 33 de nuestra querida amiga Lizeth, esta fue una noche bohemia de ésas de las que tanto cacarean los artistas viejos mientras suspiran sobre sus juventudes pasadas, hubo palomazo, un collage homenaje a los que hicimos posible el festejo, exquisitas tostadas, martinis y peda sincera para el bien del corazón y el espíritu de todos.

A finales de agosto volví a Los Ángeles a entregar obra. En esa breve visita confirmé mis sospechas: mi mecenas no estaba cumpliendo con su parte del trato, no sólo no estaba promocionando mi trabajo sino que me echó en cara que no se vendiera, me dijo que esta a saliéndole muy caro y que ese dinero, guardado en el banco, le daría mejores regalías. Inmediatamente le propuse cancelar nuestro acuerdo pero él me dijo que deseaba continuar. También, como expliqué más arriba, ni siquiera había abierto el paquete que le había enviado meses atrás. No entendía entonces cómo me echaba en cara a mí no haber hecho lo que a él le tocaba. Me sentí fatal. Estaba entregando mi obra a un tipo que sólo la estaba guardando en una bodega/cochera/oficina sin que el mundo llegara jamás a conocerla.

La historia con mi mecenas de Los Ángeles comenzó cuando él conoció mi obra y enloqueció con ella. Luego me conoció a mí y nos hicimos buenos amigos, de esos que se llaman con frecuencia y comparten pensamientos, gustos, esperanzas, terrores. En agosto su actitud me sorprendió, me dolió, pero sobre todo me encabronó. Sobre todo porque yo había procurado cuidar la amistad y mi relación con él estaba impecable.

Volví a Guadalajara y en Octubre arrancamos el proyecto de Coleccionistas, por primera vez en años yo volvía a reclamar la soberanía sobre mi obra y a quién se la vendía. Después de tres meses puedo decir que va despacito, a fuego lento pero seguro. He sentido el respaldo de coleccionistas a quienes no había podido ofrecerles mi obra en mucho tiempo. Todo esto porque dibujar es lo que mejor sé hacer en esta vida y mi verdadera pasión. Desde el kinder nunca he dejado de tener el callo del dibujante en mi dedo anular derecho.

Arranqué el proyecto cuando mi mecenas angelino dejó de pagarme lo acordado, lo arranqué porque ya era hora de ser un poco más astuta y más inteligente. Lo arranqué porque me di cuenta de que ese mecenazgo me llevaría a estancarme. Lo arranqué porque era el momento preciso.

Tener un mecenas es maravilloso en muchos sentidos: te despreocupas del dinero y puedes concentrarte en producir, la paz que esto te procura te abona la creatividad, propicia el vagabundeo crucial que precede a toda obra, otorga libertad en la designación de tus horas de trabajo e invariablemente llegas a conocer profundamente a quien te patrocina, forjándose una relación. Yo he tenido dos mecenas a lo largo de cinco años. Puedo decirles que cometí errores cruciales como no negociar claramente los términos de la asociación, me costó mucho trabajo poner límites, los mecenas tienden a ser personas muy controladoras y en algún momento querrán controlar tu trabajo, aunque sea sólo con suaves sugerencias cuyo verdadero significado resuene entre líneas. Yo desarrollé una desmesurada gratitud hacia ellos, ello puede provocar que les salga su veta magnánima o su veta tiránica, las dos cosas me sucedieron. Cuando todo esto comenzó a ocurrirme yo tenía nula idea, y sigo teniendo poca, de cómo separar los negocios de las emociones. Pero ellos sí que saben cómo, y al notar que tú no, lo usarán para sacarte ventaja. No es personal, es la naturaleza de los hombres de negocios.

Estar a la sombra de dos de estos personajes fue una experiencia grande y muy fuerte. Me di cuenta de que creo que merezco poco, de que aún tengo que trabajar mucho con mi autoestima como artista y persona. También me percaté de lo ética, leal y trabajadora que soy y que estoy llena de recursos y de imaginación. Desde pequeña me ha salvado mi mundo interior, tan terrorífico y maravilloso.

En agosto conocí también a otro personaje extraordinario en Marisa Caicholo, directora de la Galería ADC Building Bridges en Bergamot Art Station en Santa Mónica. He comenzado una relación con ella y su bello espacio donde sigo escribiendo mi historia en Los Ángeles.

En diciembre mi mecenas de LA dio por terminada nuestra asociación por medio de un correo de su secretaria. Así nomás. Y a mí no me dio tiempo de gimotear porque había mucho que hacer, mucho que negociar, mucho que dibujar y mucho que proyectar.

Mi 2013, nuestro 2013. El que hemos caminado Jos y yo. Porque sin él a mi lado, nada de esto sería posible. Él potencializa mi fuerza con su fe, mi imaginación con su trabajo, mi vida con su presencia. Gracias a él que ha soportado estar con una artista y amarla a pesar de este temperamento a veces gélido y a veces borrascoso.

Ya vente 2014, hay mucha tinta para llenarte los días.

Comagon Guadalajara 2013, un recuento.

Estuvimos este viernes, sábado y domingo pasados en El Refugio en Tlaquepaque por la Feria del Cómic, Narrativa y Multimedia Comagon. Montamos una pequeña sucursal de la Diana Martin Gallery en uno de los cuartos de este bello recinto para probar suerte por primera vez en un evento de cómics. Eventos a los que fui asidua durante mis años de preparatoriana y más allá, en las épocas del apestosillo Salón Nápoles para el Mangatrón y el sótano del Hotel Carlton para la Comictlán, eventos donde me gastaba mi salario de mesera para hacerme con las obras del cuarteto CLAMP. Luego me tomé en serio la dibujadera y ahora, después de tantos años regreso a estos eventos como expositora, he aquí el balance:

No hubiera participado en la Comagon de no haber sido por un correo que me enviaron los organizadores. Amablemente vinieron a mi casa por la lana de la renta del espacio y nos explicaron que estaban invirtiendo en publicidad y que llevan nueve años organizándolo. También nos comentaron que en los muros de El Refugio está prohibido clavar, así que tendríamos que ingeniárnoslas de otra manera para mostrar la obra. Al final, a ese respecto todo salió bien: apoyamos los cuadros en la pared sobre la mesa larga que nos proporcionaron, llevamos sillas extras a manera de atriles y además usamos los alféizares de las ventanas para mostrar el trabajo. Como el lugar es muy bonito, la obra lucía bastante. Hasta aquí todo bien.

Llegamos el viernes 30 por la mañana a un evento vacío. Las poquísimas personas que entraron a nuestro espacio eran de los mismos expositores. Observamos con desaliento como varios de los demás mejor decidían cerrar para no seguir perdiendo el tiempo. Creo que pocas veces en mi vida me he sentido tan inútil como ese viernes en el que además después de comer me atacó despiadadamente el mal del puerco y, sentada en el piso, apoyé la cabeza en la rodilla de Jos y me eché una getita que era tanto de cansancio como de supremo hartazgo. Para acabarla de amolar, decidimos dejar el coche en un estacionamiento llamado “El Grillo” que nos cobró 150 pesos por todo el día. Una completa rateriza. Los otros dos días dejamos el auto en la calle. Aquí hay un punto en el que los organizadores podrían trabajar: llegar a un acuerdo con algún estacionamiento para negociar una tarifa preferente para los expositores del evento.

El sábado y domingo hubo mucho mejor afluencia, muchos y muchas cosplayers se pasearon por los pasillos y yo me reencontré con personas que hace añales que no veía. Aquí descubrí que no soy buena prediciendo el futuro de las personas y que los caminos de los demás han tenido más tumbos y tropiezos que el mío. Y cómo otras personas han permanecido donde mismo, sin cambiar la gran cosa. Todo esto me hizo reflexionar acerca de mi propio rumbo, las decisiones que he tomado a pesar de tener miedo e inseguridades y que ahora menos que nunca me puedo permitir flaquear (bueno, un poquito a veces, pero en privado).

Otro detalle que hubiera levantado más el evento es que de haber habido una red wi-fi abierta los asistentes hubieran podido subir fotos, tuitear, hacer check-in en foursquare, y etc. En fin, sacar provecho de las redes sociales para publicitar el evento. Algo más: al segundo día ya no hubo papel higiénico en los baños y yo, habiendo prevenido este escenario desde el viernes, tuve a bien llevarme un rollo que nos salvó de la pena de tener que aguantarnos o de salir a comprar o pedir, (supe de una de mis compañeras dibujantes que tuvo que aguantarse de ir al baño hasta el final del día. Me lo contó el domingo y claro, ofrecí compartirle de mi rollo).

Conocí a un editor de DC Comics, a un reportero freelance de la revista de Aeroméxico, a un chavo que tiene una startup de difusión de las artes digitales, y además muchos jóvenes que aprecian el arte y que amaron mi trabajo. Me gusta pensar en Comagon como un semillero de futuros compradores, la mayoría de los chavos y chavas son preparatorianos y difícilmente tienen los recursos para pagarse una reproducción, mucho menos un grabado o un original; y es que si hablo del aspecto meramente financiero de nuestra experiencia en esta feria, el balance es ciertamente negativo pues no recuperamos ni siquiera el costo del stand.

Otra cosa que hicimos fue poner una libreta donde quienes se quedaban con la inquietud de seguir teniendo noticias del proyecto podían dejarnos sus nombres y correos electrónicos, así se enterarán de nuestros eventos mensuales por medio del newsletter que redactará el director de la galería. Tomamos esta decisión porque las tarjetas, por más hermosas que sean, son en la mayoría de las ocasiones como mensajes en una botella que jamás regresa.

Claro, no falto la persona morta y cuentachiles (un señor con quien sostuve un corto debate acerca de si es mejor el cristal natural o el antireflejante) que a pesar de los descuentos quería que se le regalaran las cosas, y que además tiene el cinismo de quererte vender la idea de que te hace un favor dándote tres pesos por ella. Con todo respeto, a la chingada con esos clientes.

Mis clientes/coleccionistas son aquellos con la sensibilidad que percibí en estos jóvenes combinado con el poder adquisitivo de un adulto que no la ha perdido en el camino, espero que muchos de los jóvenes que asistieron a Comagon la conserven pasados sus treintas y pueda entablar un rico diálogo con ellos por muchos años.

 

 

 

 

Vivir en una galería

Este viernes cumplí años y decidí, el mismo día, abrir mi galería. Desde hace algún tiempo aprovecho el día de mi onomástico para empezar cosas importantes. Hace dos años fue el lanzamiento de esta página web, este año el nacimiento de la Diana Martin Gallery: un lugar que ya llevaré conmigo a dondequiera que vaya, una marca que a lo largo de los meses iré haciendo crecer poco a poco. Volví de Los Ángeles con este propósito y después de un par de meses de ajustes hela aquí.

Este viernes cumplí años y decidí, también, que prepararíamos un ramen para todos los invitados. La idea era alimentar no sólo los ojos de los visitantes con la obra en las paredes sino también estimular sus papilas gustativas. Si el arte llega al alma, la comida tiene un atajo hasta el corazón. Y así fue como inauguramos: entre platos de ramen tonkotsu, bebidas, música, amigos de toda la vida y amigos desconocidos de amigos. Poco a poco queremos ir tejiendo esta cadena de contactos de personas amantes del arte que estén dispuestos a invertir en una reproducción firmada de excelente calidad y que además, ya va enmarcada. Lista para colgarse. Y además a un súper precio: mil pesos cada una. Sí, con el marco incluido.

Los "toppings" del ramen que ofrecimos en la apertura-festejo de cumpleaños. Listos para ser servidos.

Los “toppings” del ramen que ofrecimos en la apertura-festejo de cumpleaños. Listos para ser servidos.

Este viernes la fiesta se dividió entre la azotea y la galería. La gente fluyó muy bien en esta casa donde las plantas han crecido a su antojo bajo nuestro constante regar. Cuando llegamos dábamos por muertas a algunas, pero las semanas de fieles cubetazos de agua a la puesta de sol las han convencido de arrojar nuevas hojas.

Y otra cosa maravillosa sucedió: el sábado que hizo un clásico calorón de mayo pasamos frente a una veterinaria donde estaban dado perritos y gatos en adopción, vimos a una perrita negra al fondo de la tienda; en la jaula de la esquina inferior izquierda. Apenas se la veía, pero ella, aguerrida y estresada, arañaba el acrílico que hace las veces de barrotes en esos cubículos-celdas. Preguntamos por su nombre.
Molly. Como Molly Grue la de El Último Unicornio.

Molly abajo de la boda de los Dodós. Ella ama esta banca.

Molly abajo de la boda de los Dodós. Ella ama esta banca.

Así fue como al abrazarla nos dimos cuenta de que sí la queríamos, corrimos por los papeles necesarios y ahora vive aquí, en la Diana Martín Gallery. Es una custodia encantadora con una historia de abandono y maltrato que sólo hace que la quieras más.

¿Pues qué más puedo agregar? Si gustan conocer el espacio y las reproducciones disponibles manden un mensaje aquí para agendar una cita, también pueden mirar la página de inicio donde hemos subido las imágenes disponibles.

Las y los esperamos,

Un abrazo.

Diana Martín.

 

La chinga chingona de traer los pelos morados

Ya voy para tres meses con el cabello morado. Decidí hacer un cambio para cerrar el año. Un año bastante movido que remató con mi primera exposicion individual en los Estados Unidos y además la publicación de mi primer libro, concebido y creado con mucho trabajo y sin divismos por Rafael Villegas y su servilleta. Todo esto se juntó con la posibilidad de radicar en la ciudad de Los Ángeles, ciudad donde ahora me encuentro y donde creí que me quedaría por una buena cantidad de años.

Las cosas se han movido. He pasado momentos de euforia, felicidad y orgullo por los frutos de años de trabajo. Y también por una tremenda presión que nace del sentimiento de no querer defraudar a quienes han puesto en mí su fe junto con sus recursos, esto mientras trato de mantenerme fiel a mí misma al tiempo que me debato con la típica crisis creativa que sigue a toda expo individual. Ahorita nada de lo que estoy haciendo me gusta. La añoranza, la melancolía por todo aquello que me contenía ha despertado desconocidas vetas de mi mundo interno.

Con mi típica testarudez he desoído voces que me aconsejaban no venir aquí, convencida que aquí esta mi lugar.

Regresé a Guadalajara a desmantelar mi casa, volví también para la FIL.

Ahora estoy en Los Ángeles. Todo esto lo he vivido con el cabello morado.

Para tener el pelo de este color pasé primero por la decoloración de rigor: el tinte no entra en un cabello oscuro: tiene que ser un lienzo en blanco -o en amarillo- como fue este el caso. La decoloración pica, se siente como si cientos de hormiguitas corrieran por tu cuero cabelludo. Cuando eres güera viene la aplicación del tinte morado seguido por largos minutos de espera que culminan en el lavado del pelo: el exceso de tinte sale y luego sales tan campante a la calle con el cabello de un morado profundísimo. Con las orejas y la nuca moradas eso sí, pero flamante.

Lo que nadie me explicó, -fue la primera vez que me pinté el pelo- era que en cada ocasión que me bañara mi pelo iba a chorrear pintura; me aterré al principio, pensando que emergería de la regadera con el pelo amarillo, sorprendida ante la tremenda cantidad de pigmento que corría por mis piernas. De como quedaron las toallas, sábanas y almohadas ni hablar. A la segunda retocada, acontecida unas dos semanas y medio más tarde y ante la inminencia de la presentación de Juan Peregrino en Bellas Artes, la experta me regaló una especie de tratamiento de chocolate: con esa pastita podría librar los días sin tener que usar el temido champú, destructor de los tintes de colores de fantasía. La usé.

Luego vine a Los Ángeles a arreglar detalles de la expo. El horror fue como dejé cada noche las toallas inmaculadas de nuestro cuarto de hotel, pues aunque usaba gorra para baño, un poquísimo de agua era lo que bastaba para que el tinte se me escurriera por la nuca y el salpicadero morado comenzara de nuevo. Al final de la breve visita esperaba que me cobraran un dineral por lo que arruiné, pero tuve tremenda suerte, no cobraron nada extra.

Eso sí, el nuevo look fue un éxito. Lo amaron mis coleccionistas, las autoridades del Consulado, los angelinos, las niñitas y las agentes aduanales.

Lo he retocado otras dos veces acá en Los Ángeles, donde además usan una especie de casco que expide calor. Creo que eso ha ayudado a que dure más el color y se chorrié menos. Un tinte de estos te dura a lo mucho unas tres semanas antes de que el pelo comience a verse de un feo amarillo mezclado con el color natural de las raíces.

Creo que si me hubieran explicado todo lo que implica tener un color de fantasía en el cabello no lo hubiera hecho. Ahora sé que no lo volvería a hacer. Por lo menos no en toda la cabeza.

Vivir todos estos cambios tan fuertes con una mata de cabello púrpura  en la cabeza ha sido muy simbólico. Ahora que las cosas están calmándose, he dejado al morado desvanecerse poco a poco, estoy segura que mi vuelta al mejor estado de creatividad vibrante coincidirá con el regreso del cabello castaño.

Y la vuelta a México.

Mucho gusto en conocerte, LA

Este jueves pasado inaugure la muestra “Extraños Conocidos” en la Galería Raúl Anguiano del Consulado General de México en Los Ángeles. Ese fue un día de esos en los que todo se complica pero en el que al final todo cae en su lugar. Tuve mucha gente maravillosa acompañándome, gente que conocí apenas esa noche y también amigos y familia que han estado presentes desde mi primera exposición individual. Gente de ambos extremos de mi carrera, y también de en medio. Fue algo curioso que el título de la muestra fuera también un reflejo de mi presencia en los Estados Unidos por primera vez con una exposición individual: soy una extraña en este país, alguien que acaba de llegar, aunque espero llegar a ser bastante familiar con el tiempo; una “extraña conocida” ¡Gracias Los Ángeles por tu calurosa bienvenida!

“Juan Peregrino no salva al Mundo” de Diana Martín y Rafael Villegas en Bellas Artes este 3 de Octubre

”Juan Peregrino fue elegido para impedir la destrucción de su ciudad natal. Ahora, muchos años después, vive en la Ciudad Equivocada, sitio de portentos y extrañezas, de changos bermellones, de artistas del alambre, de amores insaciables y de una torre altísima que oculta el secreto que podría salvar al mundo. Historias ilustradas o ilustraciones narradas en las que se cuentan las aventuras de Juan Peregrino y su paso por la Ciudad Equivocada”.

En la Ciudad de México, la presentación se llevará a cabo en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes. Presentarán Alberto Chimal y Gabriela Damián. La cita es este miércoles 3 de Octubre a las 7:00 pm. Ahí los esperamos para que conozcan al susodicho Juan Peregrino, a Mab y Cordelia, a Alberto Mostro, a Eleazar o´Otho, a la Señora y el Señor Gourmet y demás rarezas que aparecen en este libro.

Importante: La venta de “Juan Peregrino no salva al mundo” se realizará sólo en las presentaciones, dado que es una edición limitada y numerada. Les recomendamos que estén pendientes para que no pierdan la oportunidad de adquirir su ejemplar.

¡Allá los espero!

Invitación a Los Ángeles

¡Esta es la invitación a la exposición “Extraños Conocidos” que tendrá lugar en un poquísimo menos de un mes! La cita es el jueves 18 de Octubre a las 19:00 horas en el Consulado General de México en Los Angeles, estarán expuestas más de 50 obras, entre pinturas, dibujos y grabados. Presentaré el libro “Juan Peregrino no salva al Mundo” obra que realizé en coautoría con el escritor Rafael Villegas y además el brindis estará patrocinado por el exquisito Tequila Don Ramón. Será una noche muy especial en la que sé que conoceré mucha gente maravillosa, ¡Allá los y las espero!

Juan Peregrino no salva al mundo

Les comparto la portada de mi primer libro que realicé en coautoría con el escritor Rafael Villegas. Lo presentaremos primero en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México este tres de Octubre a las 19:00 horas. Luego, el 18 de Octubre, a la par de mi muestra “Extraños Conocidos” será presentado en Los Ángeles, dentro de la galería Raúl Anguiano del Consulado General de México. Remataremos en la Feria Internacional del Libro, el 30 de noviembre a las 19:00 horas. ¡Será un genial cierre de año! Este libro va acerca de un tipo medio pájaro, medio salvador y narrador de historias llamado Juan Peregrino. El Sr. Peregrino habita un lugar llamado La Ciudad Equivocada, un lugar donde también habita la Compañía del Equilibrio, una singular troupe de actores a la que pertenecen Mab y Cordelia. El Sr. y la Sra. Gourmet también hacen su aparición, devorándose con su oronda prescencia varias páginas. En fin que es un festín de libro, cuatro cuentos y muchas imágenes forjadas con mucha pasión, seso y oficio. La editorial Paraíso Perdido estrena con nuestra publicación su colección Cuadernos de Leyndármal. ¡Espero verlos en alguna de estas presentaciones!

Invitaciones VIP

Estas son algunas de las invitaciones VIP para el show de Los Ángeles, la edición es de solo 100 impresiones, van seriadas y firmadas. Yo imprimí cada una de ellas. Si logran hacerse con una, ¡Felicidades! Tendrán un grabado original que podrán atesorar para siempre.

Dragón Embotellado

Ahora es cuando necesito beberme a mi dragón embotellado. Se vienen cambios fuertes. Este dragón que flota dentro de una copa de vino es parte de un temple al huevo que pinté en el 2010. Mi primera experiencia decente con la técnica.

Linotipia

El tiempo para la muestra de Los Ángeles se acorta y los mil detalles para que quede absolutamente hermosa son muchos. Uno de tantos es que haré dos invitaciones: una en impresión digital (diseñada por la gran @liloo999) y otra que haré combinando técnicas clásicas de grabado e impresión. El resultado será una invitación pequeñita en papel Arches que constará de un grabado original en alto contraste -que podrá ser desprendido- con los datos de la expo impresos abajo con líneas hechas en una maravillosa máquina de linotipia. Ayer fui testigo del bello proceso -alquímico- por medio del cual el maestro Rafael Villegas del Taller Dittoria creó las líneas de texto. El traqueteo de las piezas del noble aparato mientras fundía el plomo, antimonio y estaño para crear las matrices y la intensa concentración del maestro, combinadas con el sol de justicia de las 3 pm me hicieron sentir una fuerte nostalgia por todos aquellos oficios que están desapareciendo. Estos seres fabulosos en peligro de extinción. Únicos.