A 25 años de conocer Hyrule

“Link has destroyed Ganon, and has managed to rescue Princess Zelda. Now that he´s got ahold of the two Triforces, he once again goes off on his travels, making his way towards countries unknown…Who knows what the future holds for Link?”

-Del manual de instrucciones de La Leyenda de Zelda para NES, 1986.

El día que cumplí once años, mi fallecido tío Hugo me hizo un regalo que fué pieza angular en la senda de la ñoñería de abolengo que yo tenía ya varios años de transitar dentro de mis negros zapatos ortopédicos: la sequela de La Leyenda de Zelda; La aventura de Link, para el NES. Recuerdo haberlo abierto emocionadísima dentro del Vips donde tuvo lugar mi fiesta, preguntando quién era Zelda, quién era Link.

Jugarlo hizo volar mi imaginación aún más. Soñaba con el juego, el épico arte del manual de instrucciones influyó los garabatos que salían de mis plumonitos en esa época. Por un tiempo quise dedicarme a hacer videojuegos. Al final ganó la rayoneadera.

Link, cargado y armado para explorar Hyrule y partirle su madre a Ganon

Después de terminar con el impresionante Zelda II, me fuí por la primera parte. Este es el juego que comenzó la leyenda el 21 de febrero de 1986 hace 25 años en Japón. Su creador, el gigante Shigeru Miyamoto dice que Zelda nació de los paseos llenos de maravilla que solía hacer de niño en su natal Kyoto, donde al caminar por el bosque de repente se topaba con un lago, una caverna, algún paraje secreto que lo llenaba de asombro.  El japonés deseó trasladar esa sensación de aventura, de estar descubriendo un mundo, a un juego, proveyéndole al jugador de “un jardín miniatura que cupiera en un cajón”.

La leyenda de Zelda cumple 25 años. Se dice que el 2011 será el año de Zelda. Viene un juego para la consola Wii: "Skyward Sword" y el remake en 3D de "Ocarina of Time" para el nuevo Nintendo 3DS

El aspecto físico del cartucho de NES (y del de la segunda parte también) era también algo completamente único: estaban pintados de un dorado esplendoroso.

Una joya, el cartucho dorado

La Leyenda de Zelda fué el juego que sentó las bases para una de las franquicias más innovadoras y amadas de la historia de los videojuegos. Los logros e innovaciones que logró se siguen repitiendo aún en las versiones más modernas de la serie.

El héroe de la historia es este chico de la raza Hylia llamado Link: tiene la gorrita verde, las botas, el cinto y las orejas puntiagudas. El diseño del personaje recuerda a Robin Hood. Es, en mi opinión, el logro más importante del juego, manteniéndose vigente después de 25 años.

Luego está la Princesa Zelda, quien después de sufrir la invasión de su tierra por el ejército del malvado hechicero con-cara-de-puerco Ganon, decide poner fuera de su alcance una de las tres reliquias conocidas como Trifuerza dividiéndola en ocho partes y escondiéndolas en ocho laberintos dispersos por todo su país (un trabajal, esta mujer sí se movió). Ganon ya se había hecho con una de las Trifuerzas: la del Poder. Cuando Zelda terminó de ocultar los fragmentos de la Trifuerza de la Sabiduría, es raptada por Ganon, no sin antes encargarle a su nana, la anciana Impa, que le busque un valiente joven que sea digno de salvar el reino de Hyrule. Impa escapa dando tumbos y pronto es emboscada por los esbirros del retorcido brujo. En entonces cuando Link, un viajero que pasaba por ahí y que aparenta apenas unos trece años, la salva de la muerte y se convierte en la esperanza de todo un reino.

Aquí cabe aclarar algo: he mencionado a la Trifuerza y sólo dicho a qué atributos pertenecen dos de ellas; la tercera es la del Valor, o Coraje. A lo largo de las secuelas y precuelas, la Trifuerza parece estar relacionada con los tres personajes principales: Ganon con la del Poder, Zelda con la de la Sabiduría y Link con la del Valor.

Ganon y Link se enfrentan al final en el laberinto de la Montaña de la Muerte. El arma que hizo caer al villano fué la increíblemente difícil de encontrar flecha de plata.

Link se lanza a la aventura, explorando Hyrule desde una perspectiva de vuelo de pájaro, los jugadores participamos de la acción como si la viéramos desde arriba. El juego se despliega de forma no lineal, puedes encontrar la entrada a algún laberinto avanzadísimo muy pronto, y es cuando te la parten con singular facilidad que comprendes que no era por ahí. La libertad completa para explorar desde el principio todo el mapa era algo que definió a Zelda. Los viejecitos amables y dadivosos pululan por ahí, uno te obsequia tu primera espada, luego hay una carta para una encantadora viejecita, cuando se la entregas te haces de un valioso objeto. Hay bosques que te atrapan en una maraña interminable de pantallas, como si caminaras en círculo. Debes saber navegarlo para salir. Esbirros traicioneros de Ganon te ayudarán con ofrendas secretas de rupias (la moneda oficial de India y de Hyrule), los laberintos repletos de trampas, monstruos y a veces una impenetrable oscuridad te harán afinar tus instintos de búsqueda o te hará darte contra la pared.

Un viejecito providencial.

La entrada de uno de los laberintos.

La climática batalla final contra el brujo con cara porcina Ganon era el reto más conflictivo de todo el juego: el gigantesco cerdo-hechicero se hacía completamente invisible y luego se teletransportaba por toda la pantalla lanzando bolas de fuego. Uno tenía que disparar a lo loco esperando pegarle de pura chiripa. Fué un duelo épico para la era de los 8 bits, y sentó las bases para los más elaborados trucos mágicos que Ganon esgrimiría en los sguientes Zeldas a través de los años.

Uf, todo esto nos lleva a la música, la clásica melodía que suena al explorar el reino de Hyrule ha probado su atemporalidad, sonidos como el que rueda al descubrir algo nuevo sigue intacto a lo largo de las secuelas, el compositor Koji Kondo sigue instrumentando juegos con su genialidad 25 años después.

Y al terminar el juego, seguía la Segunda Búsqueda: una especie de seudosecuela incluída en el mismo cartucho. La segunda vuelta era mucho más difícil que la primera; los enemigos tenían nuevos poderes y podías incluso atravesar algunas paredes (cosa que nunca sucede en la primera vuelta).

Si nunca han jugado el primer Zelda se los recomiendo con todo mi ñoñazo corazón, si tienen rato sin tocarlo, conecten su NES y transpórtense al pasado. Yo me voy a una época en la que el tiempo era una cosa lenta y elástica, las mujeres de 30 me parecían viejas, convencía a mis compañeras de escuela que mis personajes eran reales y escuchaba a mi abuela paterna aconsejarme: “Nunca te cases mija”.

Pueden descargarlo en el servicio de Consola Virtual de Wii. Por sólo cinco dólares.

Claro que el cartucho dorado no lo obtendrán así.

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